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viernes, 7 de octubre de 2011

Suplantado en una ciudad sin historia


El director español Jaume Collet-Serra está al frente de la cinta Desconocido (Unknown, Reino Unido| Alemania| Francia| Canadá| Japón| EUA, 2011), incursión en el cine de acción después de la película de terror La huérfana, que ya hemos comentado en estas mismas páginas (ver edición del 20/mayo/2011).
Ahora nos cuenta la historia de un científico, Martin Harris (Liam Neeson), quien llega hasta Berlín acompañado de su esposa Liz (January Jones), para participar en un congreso de biotecnología. Harris sufre un accidente automovilístico y sus facultades quedan afectadas, pero todavía falta lo peor: cuando trata de reunirse con su mujer no solo resulta que esta no lo reconoce, sino que además otro hombre (Aidan Quinn) se presenta como el “verdadero” Martin Harris. Cuando trata de delatar al usurpador, como es obvio, todos lo toman por loco. Comienza así una aventura para tratar de recuperar su identidad.
Igual que pasaba en La huérfana, el punto débil de Collet-Serra es la verosimilitud. Primero, una cadena de accidentes (demasiadas casualidades), que provocan que el personaje olvide su portafolio (donde lleva su identificación) en el aeropuerto. Por eso no puede probarle a nadie que él en realidad es el doctor Martin Harris.
Luego, pareciera que la justicia en Berlín depende del departamento de seguridad de un hotel, porque fuera de ahí los criminales campean a sus anchas, durante persecuciones y balaceras por las calles de Berlín a las que nadie pone freno a tiempo.
El personaje de Neeson tiene la suerte de ser auxiliado por la taxista bosnia Gina (Diane Kruger), quien lo ayuda a escapar de sus perseguidores, entre ellos un matón croata. Además, Harris contacta a un ex agente de la Stasi (el servicio secreto de la República Democrática Alemana), como si fuera tan fácil, Ernst Jürgen, interpretado nada menos que por Bruno Ganz, a quien el lector seguramente recordará por su interpretación de Hitler en La caída (o sus parodias, fácilmente localizables en YouTube).  Es decir, en el Berlín de la Unión Europea uno está expuesto a las experiencias más variopintas, si nos atenemos a la película.
Sin embargo, todo lo anterior no va en demérito de uno de los aciertos de la película: sus escenas de acción, así como su intriga alrededor de la identidad del personaje: ¿quién es Martin Harris? ¿Por qué alguien querría suplantarlo?
Y es precisamente Bruno Ganz quien enfatiza la importancia de la historia: “los alemanes somos expertos en olvidar”, dice, “olvidamos que fuimos nazis, ahora hemos olvidado por completo casi 40 años de comunismo”. Ahí está lo mejor del filme: la idea de que un viejo agente de la Stasi se muestre orgulloso de su pasado, en un mundo donde el bloque socialista se ha vuelto sinónimo de opresión, como puede verse en otra película, La vida de los otros. Curiosamente, el protagonista de esta, Sebastian Koch, también tiene un papel en Desconocido. Menuda incorrección política: proponer a uno de la Stasi como un héroe.
Cuando finalmente el misterio desaparece y el espectador se entera de qué se trata todo este asunto de la identidad del científico, el principal sorprendido es el mismo Martin Harris, en la línea de películas como Corazón satánico (Angel Heart) y su revelación final.
La crítica ha mencionado el antecedente de la saga de Jason Bourne, de quien ya hemos hablado en múltiples ocasiones. En efecto, el personaje del asesino que es perseguido por la agencia gubernamental que lo entrenó se nos muestra una vez más como uno de los más influyentes de los últimos años.
Bourne tenía que cargar con el peso de haber asesinado a varias personas, lo cual también atribula a uno de los personajes en Desconocido. ¿Basta la amnesia para dejar de lado los crímenes que se cometieron en el pasado? Según la película sí y eso nos lo deja muy claro: la redención es posible por medio del heroísmo, que nos exoneraría de tener que responder por nuestros actos, por más horrendos que hayan sido. Algo digno de discutirse, sin duda. 

 





lunes, 3 de octubre de 2011

Mutantes de la Guerra fría



Los personajes de historieta se mantienen como una de las apuestas de la industria cinematográfica para obtener grandes beneficios en una taquilla que otras opciones de entretenimiento ponen cada vez más en entredicho. De ahí que lo primordial sea el espectáculo, construido especialmente para ser apreciado en la pantalla grande. Muestra de ello es el estreno de X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, EUA, 2011), del director inglés Matthew Vaughn, el mismo de Kick-Ass: Un superhéroe sin súper poderes. 
Como se sabe, Los Hombres X fueron construidos por el ubicuo Stan Lee y el dibujante Jack Kirby en los años sesentas. El cómic cuenta lo que ocurre cuando comienzan a aparecer mutantes, seres humanos que han desarrollado súper poderes como la telepatía, y la telequinesis, o bien otros como la fuerza sobrehumana, la invisibilidad o la capacidad para volar. Como era de esperarse, la irrupción de estas personas con “capacidades especiales”, digamos, provoca tanto fascinación como horror, esto último a veces por meros prejuicios, otras veces por razones más justificadas: porque si bien hay mutantes inofensivos y nobles otros son muy agresivos, cuando no peligrosos psicópatas.
En ese contexto surge un líder armonista, el Profesor X, Charles Xavier, quien comienza a reclutar mutantes para educarlos en una escuela especial de la cual es fundador: su objetivo es integrarlos a la sociedad. Al mismo tiempo un viejo amigo del anterior, Magneto, ahora convertido en su enemigo, piensa de una forma harto distinta: los mutantes son superiores a los humanos comunes, así que con ellos no cabe la convivencia sino sólo someterlos.
En base a lo anterior han aparecido toneladas de comics, videojuegos, series de animación para la TV y varias películas, que cuentan el enfrentamiento entre ambos bandos: Bryan Singer se encargó, con tino, de dirigir las dos primeras partes, en 2000 y 2003; en 2006 se estrenó X-Men: La Batalla Final. También hay dos películas complementarias: una de ellas es X-Men Orígenes: Wolverine, dedicada al famoso personaje del título, Logan, alias Wolverine, en la cual se nos cuenta su origen. La otra película es esta que ahora comentamos, X-Men: Primera generación, que viene a ser una precuela, es decir, nos cuenta el origen de la amistad y posterior rompimiento entre Xavier y Magneto.
Así, el espectador que no sea un iniciado en las historietas o en las películas que han inspirado está ante una disyuntiva: puede invertir su valioso tiempo en ver las películas que se han mencionado que preceden a X-Men: Primera generación. Si hace eso le aseguramos que podrá disfrutar de varios chistes o guiños que se hacen exclusivamente para quienes conocen el material. O bien, puede aprovechar y empezar la historia por el principio y, si le parece interesante, continuar.
X-Men: Primera generación está ambientada en los años sesentas, en 1962 para ser exactos. Un super villano, Bernard Shaw (Kevin Bacon), intenta provocar una hecatombe nuclear, mientras Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender), que en aquel entonces eran amigos, no se olvide), intentan detenerlo. El primero por las buenas, porque es pacifista, como hemos dicho; el segundo porque quiere vengarse por una vieja afrenta.
La película es poseedora de todas las virtudes que busca el aficionado de las películas de superhéroes: tiene escenas de acción, así como la consabida mezcla de ciencia ficción y fantasía, solventada por cuidados efectos especiales. O bien, la presencia de mujeres de belleza espectacular en el papel de heroínas (o villanas). Y conste que decimos “el aficionado” y no “el fanático”, porque este último por lo general es un purista como los personajes de La teoría del Big Bang, quien erróneamente cree que el cine está sólo para concretar sus obsesiones. Así que, decíamos, quien guste de este tipo de cine no se sentirá defraudado.
Ahora, el problema, nos parece, es la candidez con la cual está filmada esta película. No sólo está ambientada en plena Guerra fría, sino que además se sitúa desde esa perspectiva. Así, el espectador tiene que soportar que se señale a los soviéticos como aliados de los villanos, mientras que los héroes son aliados de la CIA. Un maniqueísmo de historieta, dirán algunos. No necesariamente, porque otros personajes, como Batman, por ejemplo,con frecuencia muestran las contradicciones de la política.
Alguien podrá decir que el cine no tiene por qué reflejar la realidad y sólo contar una historia con verosimilitud. Pues esta es precisamente la que queda comprometida cuando se adopta la visión propagandística de los EUA. No se puede hacer una película sobre la Guerra fría como si todo lo que ha pasado desde entonces simplemente no hubiera tenido lugar. Lo mejor: las actuaciones de Fassbender y McAvoy.