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viernes, 24 de septiembre de 2021

Una cita de Joseph Campbell

«Una figura de payaso que trabaja en continua oposición a los buenos deseos del creador, aparece muy a menudo en el mito y en el cuento popular y es culpable de los males y dificultades de la existencia de este lado del velo. Los melanesios de la colonia de Nueva Bretaña hablan de un oscuro ser, “el primero que estuvo aquí, quien dibujó dos figuras masculinas en el suelo, abrió su propia piel y roció las figuras con su sangre. Arrancó dos hojas grandes y cubrió con ellas las figuras, que se convirtieron en dos hombres después de algún tiempo. Los nombres de los hombres eran To Kabinana y To Karvuvu.

To Kabinana se fue solo, se subió a un cocotero que tenía frutos de color amarillo claro, cortó dos todavía verdes y los tiró al suelo; se rompieron y se convirtieron en dos hermosas mujeres. To Karvuvu admiró a las mujeres y le preguntó a su hermano cómo las había conseguido. “Sube a un cocotero —dijo To Kabinana—, corta dos frutos verdes y tíralos al suelo”. Pero To Karvuvu tiró los frutos con la punta hacia abajo, y las mujeres que salieron de ellos tenían las narices feas y aplastadas.”

Un día, To Kabinana hizo un pez Thum de madera y lo puso a nadar en el océano para que en adelante fuera un pez vivo. Este pez Thum llevó los peces Malivaran hacia la playa, donde To Kabinana simplemente los recogió de la orilla. To Karvuvu admiró al pez Thum y quiso hacer uno y cuando aprendió cómo, hizo en su lugar un tiburón. Este tiburón se comió los peces Malivaran en vez de llevarlos a la playa. To Karvuvu, llorando, fue hacia su hermano y le dijo: “Quisiera no haber hecho ese pez, no hace sino comerse a todos los otros.” “¿Qué clase de pez es?” —le preguntó su hermano—. “Bueno —contestó—, hice un tiburón”. “Eres un sujeto desagradable —le dijo su hermano—. “Lo que has hecho será causa de que sufran todos nuestros descendientes mortales. Ese pez se comerá a todos los otros y a la gente también.”» 

Joseph Campbell, El héroe de las mil caras (pp. 264-265)



viernes, 1 de enero de 2021

She dies tomorrow


She dies tomorrow (EUA) de Amy Seimetz

Lo inevitable de la muerte se convierte aquí en una revelación para un conjunto de personajes que asumen la cercanía de la muerte como una epidemia muy contagiosa, lo cual se traducen en un vacío existencial que los hace tomar decisiones muy radicales o bien abandonarse. Más cerca de lo fantástico que la fantasía, la película funciona como una suerte de alegoría de lo ocurrido el fatídico año pasado, al mismo tiempo que se regodea en la cercanía de la muerte no como una liberación, sino como un dilema sin solución. Retrato del colapso de una sociedad que me ha recordado aquella frase de Kundera: tal vez no haya nada más apacible que el fin. 


Sputnik: extraño pasajero


Sputnik: extraño pasajero (Sputnik, Rusia), de Egor Abramenko
Comparada con la Alien primigenia de Ridley Scott, a la cual sin duda hace referencia, Sputnik está ambientada en los años 80, en los últimos años de la Unión Soviética y, para mayor énfasis, en una base militar. Una doctora (Oksana Akinshina) es convocada por un oscuro oficial del ejército (Fedor Bondarchuk) para que le ayude con el caso de un astronauta (Pyotr Fyodorovque) quien, según dicen, ha perdido la razón luego de un accidente. Lo que no le dicen es que el astronauta en cuestión viene acompañado. Más que la película de Scott la referencia aquí es Venom (Ruben Fleischer, 2018), porque estamos ante la historia de un "simbionte" entre un humano y un extraterrestre, solo que en la versión de Abramenko la relación entre ambos es de verdad problemática. El contexto sirve, cómo no, para acentuar los intereses del militar en convertir al astronauta y su nuevo amigo en un arma, porque estamos en la guerra fría. Es de agradecer, por cierto, que el director no satanice la URSS. La película no se queda en la emoción de varias de sus escenas, sino que profundiza en las motivaciones de sus personajes, sobre todo en el caso de uno; eso dota la historia de un interés que no es común encontrar en las cintas de este tipo, como ocurre en la fallida Life (2017) de Daniel Espinosa.











martes, 2 de julio de 2019

Cinco recomendaciones cinematográficas para el verano


Una amable lectora me pide que recomiende unas cuantas películas para ver en vacaciones, así que, sin muchos preámbulos, helas aquí:

Suppport the Girls (EUA, 2018): Andrew Bujalski dirige esta comedia agridulce acerca de las desventuras de las trabajadoras de uno de esos restaurantes deportivos de comida rápida tipo Hooters, en los cuales las empleadas tienen que vestirse con ropa provocativa; desde luego, lo anterior implica aguantar todo tipo de impertinencias por parte de la clientela, formada casi en su totalidad por hombres. Y digo casi porque dice mucho de un lugar así que la persona masculina más amable del lugar sea una lesbiana, Bobo (Lea DeLaria). Regina Hall está excelente en el papel de Lisa, la administradora del local, quien tiene que resolver un sinfín de problemas que son tales en gran parte por la mala educación de los hombres (el dueño, la clientela, hasta la policía) y su falta de solidaridad con sus esposas, conocidas y meseras. Atención a la forma en la cual se representa el cuerpo femenino en los diversos momentos de la película, criterio que ya ha explicado Fernanda Solórzano en su videocomentario de la Mujer Maravilla (2017) de Patty Jenkins. El plano final de la película, en la línea de Interiores, es de antología.

Y ya que mencionamos una película de Woody Allen, este 2019 se cumplen treinta años del estreno de Crímenes y pecados (Crimes and Misdemeanors, 1989), también conocida como Delitos y faltas, una de las varias obras maestras del autor neoyorquino. Poco tengo que agregar al interesante texto de Iker Zabala para Letras Libres, aunque baste decir, por el momento, que la película se disfruta mucho si se le compara con otra obra de Allen, Match Point (de 2005, trabajo que, si no podemos llamar mayor es, en todo caso, muy coherente con la trayectoria de su director). En Crimes… y en Match Point los protagonistas experimentan la culpa por sus pecados. Así que uno de ellos, no diré cuál, tiene una experiencia de “ultratumba” que le permite confrontar a sus víctimas; mientras que el otro tiene un diálogo imaginario con su “conciencia”, su confidente, un rabino bondadoso. En otro momento, uno de los personajes “viaja en el tiempo” para asistir a una cena familiar, lo que le permite hablar con su familia acerca de teología. Estamos ante una técnica narrativa que Allen ha explotado en Días de radio (1987) o en Los enredos de Harry (1997), por citar un par de ejemplos. A ver qué les parece a ustedes ese recurso. No se pierdan, en Crimes…, la historia trágica del filósofo, el profesor Levy. Ahora, si les interesa el tema del arrepentimiento desde un punto de vista filosófico más sistemático entonces vean esta tesela de Gustavo Bueno. Posdata: también pueden leer este texto de Olga de la Fuente, quien interpreta la película de una forma muy distinta a la de Zabala. 

La raza infernal (Nightbreed, EUA, 1990) es una película muy poco apreciada, una malquerida, como dice Scout Tafoya en uno de sus videoensayos. Sin embargo, a pesar de sus excesos y que en su última parte es un delirio (bastante disfrutable, hay que decirlo) esta película del escritor y cineasta Clive Barker es una cinta de terror llena de personajes y de momentos magnéticos: 1) La presencia de un villano interpretado por un director legendario cuyo nombre no diré aquí, pero que encarna a un peligroso asesino serial. 2) La química entre la pareja protagónica, formada por Craig Sheffer y Anne Bobby (¿qué fue de ella?). 3) La presencia del monstruo Peloquin (Oliver Parker), de verdad intimidante. 4) La representación del hogar de las bestias, ese intrincado “infierno” lleno de perversiones. Y sí 5) La batalla final. Una curiosidad: el retrato que se hace de la Inquisición (española, al parecer), que parece ser negrolegendario pero que en realidad no llega a serlo, porque es obvio que una iglesia monoteísta combatiría el paganismo. Atención al final de la película, que ahora, en la nueva versión restaurada, es un poco diferente.

Desconozco los libros del escritor inglés Nick Hornby, así que no puedo decir si han corrido con buena suerte al momento de ser llevados al cine. Lo que sí puedo es valorar la calidad de las películas, como en el caso de Un gran chico (2002), dirigida por los hermanos Chris y Paul Weitz, con la actuación de Hugh Grant; o bien, Alta fidelidad (1995), que fue llevada al cine en 2000 (con excelentes resultados) por Stephen Frears, protagonizada por John Cusack. Ahora toca el turno a su novela de 2009 Juliet, desnuda (editada en español por Anagrama), convertida en la cinta Amor de vinilo (EUA | Reino Unido, 2018), dirigida por Jesse Peretz.

Amor de vinilo cuenta la historia de Annie (Rose Byrne), quien lleva una sencilla (y aburrida) existencia en un pequeño pueblo inglés. Su esposo, Duncan (Chris O'Dowd) es un profesor universitario obsesionado con la música de Tucker Crowe (Ethan Hawke), un músico retirado, alguna vez famoso, del cual no se tiene noticia. Duncan no es precisamente un buen esposo y, luego de una convivencia de años, Annie se siente cada vez más decepcionada. Cuando Annie y Tucker, nada menos que el ídolo de su marido, inician una amistad por correo electrónico (que más tarde se convierte en coqueteo) las consecuencias para los personajes serán por demás hilarantes. Película sostenida por el carisma de sus actores, su principal mérito radica en su retrato del hartazgo matrimonial, así como en su revisión del príncipe azul, que aquí es un músico alcohólico con hijos regados.

 Y ya que hablamos de adaptaciones, no se pierdan Burning (Corea del Sur, 2018), disponible en Netflix. El director, Chang-dong Lee, parte de un cuento de Haruki Murakami, “Quemar graneros”, incluido en su antología El elefante desaparece (1993). La película es la encarnación de la incertidumbre y hay muchos detalles de la trama que no se conocen. Los misterios se acumulan y las respuestas son ambiguas, así que esta película no es apta para desesperados. Resulta notable el trabajo de adaptación que el director lleva a cabo a partir de un cuento tan breve. En el original, por ejemplo, el protagonista es un hombre mayor que no está enamorado del personaje femenino; en cambio, Chang-dong convierte la historia de Murakami en un angustiante triángulo (increíble la escena del antro, con la chica bailando). Además, es notable la referencia a Fitzgerald en la película, así como las abundantes reflexiones acerca de los problemas económicos de los jóvenes coreanos, así como su incierto futuro. Para ello, el director nos muestra, como de pasada, guiños a Donald Trump; o bien, esa explicación de la joven edecán, quien habla acerca de las chicas que desaparecen (¿por deudas? ¿Huyendo de algo o de alguien?). De lo mejor de 2018. También recomiendo el comentario de Javier Ocaña. 

Felices vacaciones a todos, que descansen y vean mucho cine. 

miércoles, 22 de mayo de 2019

Si quieres paz...


John Wick 3: Parabellum (EUA, 2019), de Chad Stahelski. Tercera entrega de la franquicia protagonizada por Keanu Reeves acerca de las aventuras de un asesino de élite, ahora convertido en fugitivo de la mafia internacional a la que antes solía servir, la High Table. Como se sabe, en la entrega anterior, de 2017, Wick viola las reglas de su gremio, por lo cual pierde todo privilegio y se convierte en blanco de sus compañeros. Ahora, en Parabellum, Wick trata de sobrevivir al mismo tiempo que busca llegar hasta las más altas instancias de la organización para negociar una nueva oportunidad y así conservar su vida. John Wick es una serie consagrada al espectáculo, así que el desafío es, desde luego, mostrar lo nunca antes visto en cuanto a escenas de acción, en la línea de hitos del género como The Raid 2: Berandal. Así, hay cuatro grandes momentos en esta cinta: la pelea en la biblioteca con el gigante Ernest (Boban Marjanovic), el asesino demasiado puntual; el duelo de los cuchillos; la persecución a caballo; así como el combate en Casablanca entre los hombres del capo Berrada (Jerome Flynny) y los perros entrenados de Sofia (Halle Berry), aliada de Wick. Es verdad que luego la película divaga un poco y que el enfrentamiento entre Zero, el cocinero de sushi quien además es ninja, y Wick no está a la altura, con todo y la buena actuación de Mark Dacascos, idóneo para el papel. Además, resulta un tanto frustrante que la historia vaya a prolongarse en una cuarta entrega, aunque dada la complejidad del asunto esa parece la única solución.  Así que mejor tómense su tiempo, para que a John Wick no le pase lo mismo que a Juego de tronos, víctima de la premura.