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domingo, 4 de febrero de 2018

La región salvaje

La región salvaje (México| Dinamarca| Francia| Alemania| Noruega| Suecia, 2016), de Amat Escalante. La historia de la influencia (benefactora y atroz) que un monstruo tentacular extraterrestre tiene entre un conjunto de personajes, que habitan una ciudad de la provincia mexicana. Desafiante película acerca de la aventura (nunca mejor dicho) que una joven madre y esposa frustrada, Alejandra (Ruth Ramos), tiene con la criatura en cuestión, misma que una pareja de científicos mantiene oculta en una cabaña del bosque. Hasta ahí llegan varios personajes para probar las artes amatorias del monstruo, mismo que resulta ser mucho mejor amante que Ángel (Jesús Meza), el marido golpeador y alcohólico de Alejandra, un tipo que para colmo es homosexual de clóset. Y esa es la gran ironía de la cinta y a la vez su gran alegato: cómo un monstruoso alien puede ser una influencia mucho más positiva para la vida de una joven mujer mexicana, víctima de maltratos y sumida en el hastío. La historia de los personajes es de lo más común, aunque es en el trasfondo, la explicación detrás de las muertes y la violencia, donde está lo novedoso, una osada película erótica que lleva hasta el límite la cercanía, tantas veces tratada, entre el erotismo y la muerte.  Se ha comparado la película con Posesión, la delirante película de horror de Andrzej Zulawski, donde también hay una mujer que emprende una relación con una misteriosa criatura. No obstante, no hay mayor misterio: Escalante dedica la película al director balcánico, sí, aunque su película es mucho menos críptica; por el contrario, es transparente en su propuesta: mostrar ese México violento donde los machos juegan al homosexual pasivo y detentan una feroz homofobia, al mismo tiempo que marginan y humillan a sus mujeres. Sin embargo, la película se rebela contra la idea de un monstruo-dios providencial y justiciero, porque la criatura parece replicar ciertas conductas humanas que nos llevan a una conclusión brutal: puede que el éxtasis sí caiga del cielo, pero con él viene también la destrucción y el dolor de todos los días.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Monstruoso sentido de la vida

He aquí una película superada por las expectativas que despierta, Prometeo (Prometheus, EUA| Reino Unido), de Ridley Scott. Eso entre el público, al parecer cada vez más escaso, que considera Alien, el octavo pasajero (1979), como una película indispensable. Hay otros, en cambio, que nunca la han visto pero acaso saben de sus excrecencias, como el delirio de Alien vs Depredador.
Alien, ya se sabe, tiene tres secuelas, centradas en Ripley, el sufrido personaje de Sigourney Weaver, quien a lo largo de varias décadas tiene que enfrentarse con una criatura extraterrestre muy mortífera, el xenomorfo, a estas alturas incorporado por completo en la cultura popular.   
Los extraterrestres, se supone, nos visitaron hace millones de años para crear la vida en nuestro planeta y en el año 2093 un grupo de investigadores llega en una nave, la Prometheus del título, hasta el planeta donde tendrán lugar los acontecimientos de la película original.
El espectador iniciado obtendrá datos acerca del origen del temible xenomorfo. El neófito podrá disfrutar de una película que es técnicamente muy meritoria (con una escena gore muy gráfica) y un elenco de lujo, pero cuyas deficiencias narrativas están a la vista.
Hace un par de ediciones comentamos que Batman: El Caballero de la Noche Asciende, es una película espectacular que a veces hace ostentación de su inverosimilitud. Prometeo, en cambio, disimula sus defectos, que provienen de la falta de inteligencia de sus personajes, la mayoría de ellos reputados científicos, para mayor problema, como lo ha explicado con claridad el crítico James Wallestein en su blog Dimensión fantástica.
Sin embargo, paradójicamente, esa es una de las cosas que al final pueden reivindicarse de la cinta y aquí el espectador que valora el suspenso hará bien en dejar de leer. Nos explicamos: Elizabeth Shaw (Noomi Rapace, la hacker sueca de la serie Millennium, como siempre estupenda) y su novio Charlie (Logan Marshall-Green), se dedican a investigar las reliquias que probarían la llegada de los extraterrestres-ancestros a la Tierra.
Así que llegan al planeta de los aliens como dos niños en situación de calle ilusionados con la idea de conocer a sus verdaderos padres. Sin embargo, como es de esperarse, la aventura se convierte en una pesadilla de reptiles violadores, calamares asesinos y viscosidades varias. Lo que al principio parece una peregrinación en busca de luz deviene encuentro brutal con una inteligencia tan superior como arbitraria y violenta. Algo así como si a los vegetarianos se los comiera un tomate.
En ese sentido, la película deja de ser ingenua para convertirse en una lección para científicos empapados de confusa teología, creacionismo y alianza de civilizaciones, lo que va en demérito de los juicios de aquellos críticos (Wallestein, por ejemplo) que insisten en que la envoltura de pretensiones filosóficas de la cinta es vacua, porque al final Prometeo no pasaría de ser un delirio de violencia gráfica. Se equivocan: tiene un lado crítico muy cruel contra los científicos jipis.
Eso no debe confundirse con la típica historia en la línea de Frankenstein: el científico que se cree dios y desafía el mito de la naturaleza. Los científicos de Prometeo, en cambio, confunden la ciencia con sus ansias de armonía con lo trascendente y viajan más de dos años por el espacio porque quieren saber el sentido de la vida. Y así les va.
Otra cosa es que, como decíamos al principio, la película apueste por embonar a la perfección con sus predecesoras, cosa que no ocurre, de ahí la decepción que puede causar en ciertos sectores, los más frikis, quienes ya deberían estar acostumbrados a las traiciones del guionista Damon Lindelof, creador de la caprichosa Perdidos. No obstante, al final sí se resuelven ciertos misterios, como el porqué de la existencia de los xenomorfos. 
Ridley Scott es un director cuyo trabajo siempre es atractivo, con todo y sus fallas. Prometeo no es la excepción  y gracias al desempeño de sus actores logra consolidar nuevos iconos en la serie: el androide David, interpretado por MichaelFassbender, o la mencionada Rapace, quien sabe darle naturalidad a su intervención incluso en las escenas más absurdas. 

 




sábado, 19 de noviembre de 2011

Dar la vida por el barrio bravo


Ganadora de la Mejor banda sonora original, del Premio Especial del Jurado, del Gran Premio del Público El Periódico de Cataluña y del Premio de la Crítica José Luis Guarner, la película Attack the Block (Reino Unido| Francia, 2011), debut del director británico Joe Cornish, fue una de las películas más comentadas del Festival de Sitges.
Su historia puede resumirse como sigue: la invasión extraterrestre en un barrio del sur de Londres, defendido por una pandilla de adolescentes, quienes se atrincheran en su edificio de departamentos para sobrevivir. La apuesta principal radica en la interacción entre los personajes, quienes se comunican en el habla popular londinense, lo cual consigue un efecto cómico. O bien, las escenas de acción que tienen lugar cuando extraterrestres y pandilleros se enfrentan en un combate que no tiene poco de desigual.
Cornish es nada menos que el guionista de la reciente película de Steven Spielberg, la adaptación de las aventuras de Tintín, el famoso personaje de historieta. A su favor puede decirse que se detiene en el dibujo de los personajes, que no son meras caricaturas, sobre todo en el caso del líder de la banda, Moses (John Boyega), un quinceañero de rostro endurecido que recuerda a Denzel Washington. Es precisamente el orgullo del joven (quien no se deja amedrentar por la “humillación” de un extraterrestre) lo que da pie a todo el conflicto.
También hay que mencionar a Pest (Alex Esmail), un blanco que se comporta como negro y que a veces funciona como comparsa cómica de Moses. La pandilla resulta ser un grupo en el cual no cualquiera tiene cabida, como puede verse cuando otro joven blanco, Brewis (Luke Treadaway), trata de convivir con los reyes de la cuadra.
Pest y el resto de los integrantes del grupo siguen ciegamente a su líder, en una suerte de cohesión muy firme frente a los extraterrestres y quien sea, aunque se trate de un traficante local o el mismo gobierno, que aquí es representado como una fuerza opresora más, incapaz de tratar con tino a los jóvenes infractores, de ahí que estos busquen su revancha y ni se planteen pedir ayuda a la policía.
Cornish plantea el conflicto como si se tratara de un juego, al mismo tiempo que deja claro que los errores tienen graves consecuencias, a veces mortales, como queda claro con la caída de más de un personaje importante. Un juego que también puede redimir.
Sin embargo, lo más brillante de la película es esa forma en la cual se presenta a los personajes como arraigados en un barrio que será todo lo hostil que se quiera, pero que es amado por los pandilleros, como sabemos por ese diálogo entre la enfermera Sam (Jodie Whittaker) y sus nuevos “amigos”. Lo anterior ocurre en la mejor tradición de Los Guerreros (The Warriors, 1979), aquella película de Walter Hill que nos mostraba la accidentada peregrinación de la pandilla del título desde el Parque Central de Nueva York hasta su querida Coney Island.
Los pandilleros de Cornish son más jóvenes pero eso no impide su desencanto. En una de las escenas, sin embargo, con apenas un vistazo a una habitación juvenil (que parece la de un niño, con un edredón del Hombre Araña), el director nos muestra con sutileza la clave de la personalidad de uno de los personajes.
El actor Nick Frost, uno de los protagonistas de El desesperar de los muertos (Shaun of the Dead, 2004) tiene a su cargo varias escenas cómicas como Ron, el aficionado al canal de documentales. No se queda atrás Jumayn Hunter, quien interpreta a Hi-Hatz, el jefe gansteril: la escena en la cual conduce con imprudencia mientras escucha un himno rapero no tiene desperdicio.
En cuanto a los extraterrestres, hay que decir que tienen un diseño original, lo cual no es poco después de décadas de películas de ciencia ficción con alienígenas en el elenco. Lo anterior aunque no esté claro cómo semejantes bestias, en apariencia salvajes, pueden viajar por el espacio, como ha dicho con acierto el crítico norteamericano RogerEbert.