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sábado, 20 de octubre de 2012

Emoción para turistas burgueses

Terror en Chernóbil (Chernobyl Diaries, EUA, 2012), debut de Bradley Parker en la dirección, es una película de terror que se inscribe en lo que algunos críticos han reconocido como el cine del turismo extremo, en el cual los protagonistas ya no son solo adolescentes (como en la saga Scream y sus modelos), sino viajeros que terminan enfrentados con los peligros de un lugar exótico en su busca de nuevas alternativas de entretenimiento.
Ahí están Hostal (2005), Turistas (2006) y Las ruinas (2008) como ejemplos. Ver acerca de esta última el texto “La mala hierba”, del español Jordi Costa (El País, 18 de abril de 2008). Nosotros agregaríamos a esa clasificación precedentes como Deliverance (Amarga pesadilla, 1972). O bien, novelas como Arrecife (2012), del mexicano Juan Villoro, en la cual un centro vacacional ofrece secuestros y encuentros con la guerrilla local para satisfacer a un público europeo ansiosode exotismo latinoamericano.
El peligro es un accidente, una complicación del viaje. Otras veces, el principal atractivo para el turista. Este es el caso de Terror en Chernóbil, que cuenta la historia de un grupo de jóvenes norteamericanos de viaje por Europa.
Así, deciden visitar Prypiat, el pueblo abandonado en las cercanías de la planta de Chernóbil, en Ucrania. Como se recordará, en 1986, durante la última etapa de la Unión Soviética, en Chernóbil ocurrió un accidente nuclear cuyas consecuencias son bien conocidas. El atractivo devisitar Prypiat estaría en atestiguar el abandono en que se encuentra, suerte de pueblo fantasma, abandonado súbitamente por sus antiguos habitantes. Cuando los jóvenes se ven forzados a pasar la noche en el lugar, comienza la aventura, porque el lugar no es tan solitario como parece.
El director Oren Peli, quien ganó notoriedad con la cinta Actividad paranormal, produce y escribe la historia de esta cinta que reproduce buena parte de los lugares comunes del grueso de las películas de terror, como la construcción endeble de los personajes. Cuando alguno de estos muere, también de acuerdo con las convenciones del terror, su suerte importa poco, debido a que el guionista apenas se ha molestado en construirle una vida. ¿Cómo puede lamentar el espectador la muerte de alguien que apenas conoce?
Y no es que la película no intente imprimirle más interés a sus personajes: dos de los protagonistas son hermanos y en alguna conversación nos enteramos de que uno de ellos tiene problemas con el padre de ambos. Pero no se va más allá y al final el dato es meramente anecdótico y poco tiene que ver con la verdadera tragedia que se avecina.
Sin embargo, con todo y la ejecución torpe de la historia, esta no deja de tener cierta relevancia. Terror en Chernóbil recurre a evidentes clichés, aunque al mismo tiempo está ambientada en un lugar, la ciudad muerta y derrotada, cuyos habitantes se rebelan contra su condición de atractivo turístico pasivo, para en cambio ofrecer verdaderas emociones a los viajeros burgueses de turno.
Es decir, el parque temático deja de serlo para convertirse en un pueblo rabiosamente vivo. Los animales que atacan a los visitantes no tienen por qué ser bestias salvajes y bien puede tratarse de celosos guardianes, a cargo de salvaguardar el mermado honor de un lugar deshecho aunque sobreviviente.
Antes citamos a Villoro, un autor que al menos desde 1995 ha denunciado en sus ensayos el mito de una Latinoamérica exótica y atrasada, sitio idóneo para el recreo nihilista de europeos y norteamericanos, supuestamente más civilizados (ver “La frontera de los ilegales” e “Iguanas y dinosaurios. América Latina como utopía del atraso”, disponibles en internet).
A su manera, Terror en Chernóbil, por medio del cine de más baja estofa, incide también en ese problema, con la necesaria referencia al mito de los eslavos perezosos y tercermundistas, explotado en otras películas, como la comedia antiestalinista El concierto (Le concert, Francia| Italia| Rumania| Bélgica| Rusia, 2009), de Radu Mihaileanu.

sábado, 13 de octubre de 2012

Diva que llegó del futuro

Sound of My Voice (EUA, 2011), de Zal Batmanglij, cuenta la historia de Peter (Christopher Denham) y Lorna (Nicole Vicius), dos infiltrados en una secta liderada por una mujer, Maggie (Brit Marling), quien asegura ser una viajera en el tiempo, nada menos que proveniente del año 2054.
Así, la película participa de varios géneros, con elementos del thriller y ciencia ficción aunque también del drama, en la medida en los integrantes del culto reconocen en Maggie a una salvadora, quien asegura que los llevará a un lugar mejor, pero cuyas características no precisa.
El guión del propio Batmanglij y la protagonista, Marling, se encarga de develar poco a poco la información acerca de un asunto tan enigmático, para mostrarnos la evolución de los personajes; como Peter, un escéptico interesado en grabar un documental que denuncie el fraude de Maggie, pero que a la vez tiene que enfrentarse con dudas que tal vez no se solucionen del todo.
En Los Ángeles, ciudad propicia para el escapismo (dirán los detractores de Hollywood), tenemos noticia de que ocurre algo capaz de concentrar a un grupo en un sótano, un prodigio. Hay planos nocturnos de la ciudad, así como miradas de los personajes que el espectador tiene que interpretar.
El año pasado ya habíamos tenido la oportunidad de comentar otra película protagonizada por Brit Marling, Another Earth, de Mike Cahill, en la cual la actriz también participa en el guión. ¿Qué pasaría si una réplica de nuestro planeta apareciera en el firmamento? Another Earth es, a su manera, una historia de amor que recupera lo mejor de una tradición norteamericana que va de Weird Tales hasta Dimensión desconocida.
Con Marling estamos ya no ante una "reina del grito", convencional dentro de los parámetros del cine del género, sino ante una escritora e intérprete que se ha especializado en proyectos que bien pueden aparentar inscribirse en la ficción científica, aunque remitan a problemas muy cotidianos. 
La nostalgia de Another Earth también aparece en Sound of My Voice, aunque combinada con destacados momentos de humor, como sucede al final, con la canción que musicaliza los créditos y que tantas claves da acerca de la naturaleza de Maggie: una pieza del grupo de música electrónica Hot Chip cuyo nombre no diremos porque bien puede arruinar el suspenso.
La crítica de cine de The New York Times, Manohla Dargis explica la semejanza entre las estrellas mediáticas de la actualidad y Maggie, la gurú de nuestra cinta. ¿Acaso Lady Gaga y otras no recurren a un discurso místico y delirante? Palabras tan redituables como la música que componen, porque hay una legión de fans que recoge con devoción cada máxima que sale de la boca de las divas. Y lo mismo puede decirse de muchos intelectuales progresistas.
La pregunta acerca del sitio de la fantasía y lo sobrenatural en una sociedad como la nuestra, cifrada por necesidades muy apremiantes, siempre parece oportuna aunque rara vez se le plantee de forma satisfactoria. Con todo y eso suele decirse que la gente quiere creer en algo, por más absurdo que parezca. Sound of My Voice cuenta los alcances que puede tener el ansia por dar con el sentido de la vida.
Acerca de las necesidades psicológicas de la gente, urgida de creer en algo, nosotros no tenemos mucho qué decir. En todo caso creemos que la película muestra la forma en que ciertas ideologías (la creencia de que una mujer puede viajar en el tiempo para difundir un mensaje de redención), actualmente muy en boga, toman el lugar de la filosofía. Es decir, el hecho de que se margine la filosofía no implica que ésta no haga falta.
La ciencia ficción no es necesariamente una extravagancia de efectos especiales y en sus facetas más sutiles se impone en el seno de las historias de amor y en el drama. Ese es uno de los principales aciertos de Sound of My Voice: apelar al viaje en el tiempo y otros artificios, como la guerra civil futurista, en un contexto en el cual se les supone ajenos.

sábado, 6 de octubre de 2012

Una ciudad para deprimirse

Eternamente comprometidos (The Five-Year Engagement, EUA, 2012), de Nicholas Stoller, es una comedia romántica acerca de las dificultades que enfrenta una pareja al momento de coordinar sus respectivas carreras. Violet (Emily Blunt), tiene la oportunidad de hacer un posdoctorado en una universidad de prestigio, así que su novio, Tom (Jason Segel), decide abandonar San Francisco y su trabajo como cocinero de un buen restaurante para acompañar al amor de su vida. Como lo dice el título, los novios se enfrentarán con numerosos problemas a lo largo de cinco años de compromiso.
Segel, uno de los protagonistas de la serie How I Meet Your Mother, escribe con Stoller un guión que para empezar se enfrenta con las limitaciones propias de un tipo de película, la comedia romántica, que se ha practicado hasta el hartazgo. El reto de este tipo de filmes frecuentemente consiste en contar una historia más o menos digna, no necesariamente novedosa. Sobre todo si se toma en cuenta la gran cantidad de precedentes, que sugiere que la pareja será capaz de superar cualquier dificultad.
Eternamente comprometidos apuesta por la interacción entre la pareja protagónica, dos actores que atraviesan un buen momento en la industria de Hollywood. Emily Blunt ya había llamado la atención en películas semejantes, como El diablo viste a la moda o Amor imposible (Salmon Fishing in the Yemen), híbridos de drama y comedia que le han dado popularidad. 
En cambio, Segel se ha desempeñado en una vertiente mucho más cercana a la comedia delirante típica de los norteamericanos, en el tono de la serie ya mencionada, como es el caso de Te amo, brother (I Love You, Man). De ahí que este intérprete haya formado parte de proyectos como Los Muppets (2011).
Y tal vez la mezcla entre el delirio y el drama sea la clave de Eternamente comprometidos, porque lo que cuenta puede llegar a ser duro: uno de los integrantes de la pareja, él, tiene que sacrificarse por el éxito de ella. Sin embargo, la comedia domina la mayor parte de la cinta, lo cual no excluye momentos de verdad crueles para el personaje.
Es decir, lo que puede resultar muy gracioso para el espectador resulta una verdadera calamidad para el pobre chef Tom, un personaje estoico que, como lo señala el crítico Jordi Costa de El País, contradice el lugar común de la eterna inmadurez masculina como motor narrativo de la comedia romántica (ver edición del 6 de septiembre de 2012).
La clave de ese sacrificio está en el nuevo lugar donde los personajes tiene que vivir: una gélida ciudad de Michigan, nada que ver con el clima cálido de California. Entre las mejores ideas de la historia tenemos la constante burla acerca de la extravagancia de las personas del lugar: así, los borrachos jóvenes gritan por la calle, hay que acribillar venados para matar el tiempo y hay un amo de casa que teje suéteres desproporcionados. Una ciudad nevada que bien puede deprimir a la gente. O hacerla enloquecer.
El dibujo de los personajes proporciona otros logros del filme, como la paradoja de que Violet se dedica a la psicología y sin embargo es incapaz de advertir a tiempo los problemas de Tom. Lo anterior se relaciona además con el retrato poco favorecedor de los académicos de la universidad y sus discípulos, en un medio donde pesan más las relaciones que el talento. Como puede verse, estamos ante asuntos bastante problemáticos y Stoller se las arregla para hacer comedia con ese material.
Hay, además, personajes secundarios que a pesar del poco tiempo que ocupan en pantalla son interesantes, como Tarquin (Brian Posehn) el compañero de Tom en el restaurante. O el psicólogo Ming (Randall Park). Mención aparte merece Rhys Ifans, quien interpreta al profesor Winton Childs. El actor es recordado por su papel como el amigo de Hugh Grant en Notting Hill. Su encarnación de la intelectualidad antiética es de lo más apropiada.
 


lunes, 1 de octubre de 2012

Ciencia ficción melodrama

Las reservas que se han expresado a propósito de Los juegos del hambre (The Hunger Games, EUA, 2012), de Gary Ross, tienen que ver en principio con lo que se interpreta como una incoherencia de su historia. Estamos ante una película de ciencia ficción que denuncia la brutalidad de un gobierno degenerado que obliga a sus jóvenes a pelear en una batalla campal hasta la muerte, todo ello incorporado en un programa de telerrelidad (un reality show) llamado precisamente Los juegos del hambre.
Participan en el programa los infortunados elegidos de un sorteo, niños y adolescentes obligados a luchar por su vida en un juego que, aunque se señala como sangriento, al final es mostrado ante el espectador en su versión más aséptica. Casi no hay sangre y las escenas violentas no son explícitas, lo que ha sido interpretado como una concesión a las exigencias de la censura. Escenas de acción más gráficas habrían alejado de las salas a los jóvenes que han hecho de la novela de Suzanne Collins, que inspira la película, un éxito de librería. Así lo explica el crítico mexicano Leonardo García Tsao (ver “El futuro es una vieja historia”, La Jornada, 30 de marzo de 2012).
Otros críticos de la cinta prefieren basarse en la superficialidad de su planteamiento, en la intrascendencia de las situaciones y, en suma, la poca densidad de las ideas. Los juegos del hambre, en su versión cinematográfica, no tiene la profundidad que sus premisas exigirían. Lo dice el español Jordi Costa (“Famélica ficción”, El País, 19 de abril de 2012).
La novela de Collins, publicada apenas en 2008, es la primera parte de una trilogía centrada en un personaje, la heroína de 16 años Katniss Everdeen. Y aquí queremos resaltar lo que consideramos el primer acierto de la película: la asignación de ese rol a la actriz Jennifer Lawrence.
En Invierno profundo (Winter’s Bone, 2010), de la realizadora Debra Granik, Lawrence encarna la voluntad y la indefensión de Ree, una joven que tiene que responsabilizarse de la crianza de sus hermanos. Todo ello mientras se las arregla para sobrevivir en un pueblo donde la violencia es ejercida por un grupo muy cohesionado de hombres y mujeres. En esta película, la ley es sustituida por un estricto código de conducta y unas jerarquías que nadie cuestiona; precisamente lo que tiene que hacer la rebelde protagonista.
Los juegos del hambre es una suerte de esfuerzo alrededor de que Lawrence repita la operación de Invierno profundo.  Pero Lawrence no hace milagros. La bondad de Katniss es equiparable a la de Ree, aunque Katniss tiene una ventaja: es muy buena con el arco, su arma predilecta. Sin embargo, Katniss se enfrenta con una sociedad todavía más irracional que la de Ree, porque en los juegos del hambre no hay rigor (“las reglas cambian”, dicen en Big Brother)  y las supuestas normas se desechan sin previo aviso, a placer de los organizadores.
En ese sentido, Los juegos del hambre recuerda las cortes delirantes de Batman: El Caballero de la Noche Asciende. O bien, a los seres caprichosos de Alicia en el País de las Maravillas, empeñados en jugar un juego basado más en los estados de ánimo que en unas normas fijas.
Se han mencionado las fuentes de la película (los gladiadores, por ejemplo) y en ese recuento nos interesa la referencia a Rollerball. ¿Un futuro próximo? (1975) de Norman Jewison, que también trata acerca de un juego sangriento como opio del pueblo.
Por nuestra parte, lo que tenemos que reprocharle a la película es que subordine las escenas de acción al sentimentalismo. Y aquí quien no haya visto la película puede dejar de leer. ¿Por qué invertir tanto tiempo en la muerte de la niña? Sobre todo cuando otro de los personajes, el sanguinario villano Cato (Alexander Ludwig), al final resulta mucho más interesante. De hecho la mejor escena de la cinta tiene lugar cuando él confiesa su frustración como participante en una competición perdida de antemano.
Hollywood refrenda su capacidad para insistir en un melodrama que como ciencia ficción es desigual. Lo más llamativo es que Gary Ross ya había demostrado su solvencia en historias de ese tipo, que buscan conmover, como Seabiscuit, más allá de la leyenda.

Posdata:  como puede verse nuestro comentario se dedica exclusivamente a la película. Para una discusión de las virtudes y los defectos de la novela que le sirve de origen recomendamos revisar lo que ha dicho la crítica.