lunes, 5 de marzo de 2012

Problemas familiares en Hawái

Los espectadores familiarizados con el cine del norteamericano Alexander Payne verán Los descendientes (The descendants, EUA, 2011), como el desarrollo lógico que la filmografía de este director sugiere: la construcción de un conjunto de personajes masculinos al momento de enfrentarse con las diversas formas de la crisis vital.
Las criaturas masculinas de Payne adquieren diversas apariencias, aunque todas ellas con algo en común: en sus años de madurez se descubren en desventaja, traicionados. Puede ser que se encuentren en franca decadencia, como el anciano interpretado por Jack Nicholson en Las confesiones del Sr. Schmidt (2002), víctima del exceso de tiempo libre en una sociedad que lo desecha apenas se retira.
O bien, el personaje puede ser como el escritor fracasado de Entre copas (2004), interpretado por Paul Giamatti, quien durante una excursión por los viñedos californianos (el vino es una de sus pasiones) sueña con una compensación no demasiado tardía para su maltrecha vida amorosa.
El papel de ese varón enfrentado con un reto que necesariamente lo rebasa ahora corre a cargo nada menos que de George Clooney, cuyo perfil de galán maduro ha sido más que exaltado a lo largo de varios momentos de su filmografía.
Los descendientes es una cinta que apuesta precisamente por la opción contraria, pero de una forma que no sorprende al tratarse de una película de Payne, quien después de todo ya se había encargado de reducir a cenizas la sonrisa sardónica y triunfal de Nicholson para hacer de él un viejo vulnerable.
Nada que ver con el Clooney que ha llegado a ser héroe de acción en películas como en La gran estafa. Matt King, el protagonista de Los descendientes, está más cerca de otro trabajo de Clooney, Michael Clayton, aquel abogado venido a menos quien, a pesar de sus problemas, tiene la fuerza para enfrentarse con una poderosa compañía. Por eso King, a pesar de algunos precedentes que lo anuncian, es inédito en la filmografía de Clooney, quien encarna a un padre atribulado y que lucha por educar a sus hijas al mismo tiempo que trata de superar la deslealtad de un ser muy querido.
En ese detalle (la deconstrucción de Clooney como galán, podría decirse), está uno de los méritos de la cinta. El otro es la forma en la cual el guión vincula a los personajes con la tierra de los ancestros (como se indica en el título).
Es como si las tribulaciones de una de las hijas de King, una adolescente conflictiva que trata de dejar las drogas, estuvieran conectadas con los viejos pobladores de alguna isla hawaiana, inmortalizados en las fotos familiares que se nos muestran mientras el protagonista nos describe sus genealogías. Esos antepasados, omnipresentes (como lo demuestra la decisión final de King), contribuyen a darle densidad a la historia.  
O bien, el partido que se saca de la naturaleza no sólo como falso paraíso en las primeras imágenes, sino también como metáfora de la familia (islas desperdigadas).
De esa forma, Los descendientes desborda la simple historia de intrigas familiares que la superficie de su argumento parecía anunciar, aunque desde luego no desecha del todo esta última, como puede verse en la aventura de la búsqueda del amante desconocido. 
En los filmes previos que comentábamos, Payne recurrió a la película de camino (road movie, como dicen en EUA), con el sr. Schmidt durante sus vacaciones forzosas, de la misma manera que la pareja de amigos recorría el campo de Entre copas. En Los descendientes, los personajes también emprenden un viaje, vuelos a través del archipiélago y alguna excursión a un paisaje tan sobrecogedor como simbólico.
Finalmente, es en su sentido del humor, cada vez más acabado, donde el director confirma de nuevo una de sus virtudes. Humor en momentos difíciles, no sólo como bálsamo sino como recordatorio de lo absurdo de ciertas situaciones.
Para el recuerdo queda la imagen de la niña traviesa que se mide la ropa de su hermana. O el amigo incómodo, quien está ahí para representar la torpeza de cierto cine juvenil norteamericano, aunque luego dará una sorpresa.
Los descendientes bien puede convertirse este domingo, al final de la ceremonia del Óscar, en la mejor película del ámbito comercial norteamericano.(Publicada originalmente en el periódico mexicano Primera Plana el viernes previo a la entrega del Óscar)

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