sábado, 13 de octubre de 2012

Diva que llegó del futuro

Sound of My Voice (EUA, 2011), de Zal Batmanglij, cuenta la historia de Peter (Christopher Denham) y Lorna (Nicole Vicius), dos infiltrados en una secta liderada por una mujer, Maggie (Brit Marling), quien asegura ser una viajera en el tiempo, nada menos que proveniente del año 2054.
Así, la película participa de varios géneros, con elementos del thriller y ciencia ficción aunque también del drama, en la medida en los integrantes del culto reconocen en Maggie a una salvadora, quien asegura que los llevará a un lugar mejor, pero cuyas características no precisa.
El guión del propio Batmanglij y la protagonista, Marling, se encarga de develar poco a poco la información acerca de un asunto tan enigmático, para mostrarnos la evolución de los personajes; como Peter, un escéptico interesado en grabar un documental que denuncie el fraude de Maggie, pero que a la vez tiene que enfrentarse con dudas que tal vez no se solucionen del todo.
En Los Ángeles, ciudad propicia para el escapismo (dirán los detractores de Hollywood), tenemos noticia de que ocurre algo capaz de concentrar a un grupo en un sótano, un prodigio. Hay planos nocturnos de la ciudad, así como miradas de los personajes que el espectador tiene que interpretar.
El año pasado ya habíamos tenido la oportunidad de comentar otra película protagonizada por Brit Marling, Another Earth, de Mike Cahill, en la cual la actriz también participa en el guión. ¿Qué pasaría si una réplica de nuestro planeta apareciera en el firmamento? Another Earth es, a su manera, una historia de amor que recupera lo mejor de una tradición norteamericana que va de Weird Tales hasta Dimensión desconocida.
Con Marling estamos ya no ante una "reina del grito", convencional dentro de los parámetros del cine del género, sino ante una escritora e intérprete que se ha especializado en proyectos que bien pueden aparentar inscribirse en la ficción científica, aunque remitan a problemas muy cotidianos. 
La nostalgia de Another Earth también aparece en Sound of My Voice, aunque combinada con destacados momentos de humor, como sucede al final, con la canción que musicaliza los créditos y que tantas claves da acerca de la naturaleza de Maggie: una pieza del grupo de música electrónica Hot Chip cuyo nombre no diremos porque bien puede arruinar el suspenso.
La crítica de cine de The New York Times, Manohla Dargis explica la semejanza entre las estrellas mediáticas de la actualidad y Maggie, la gurú de nuestra cinta. ¿Acaso Lady Gaga y otras no recurren a un discurso místico y delirante? Palabras tan redituables como la música que componen, porque hay una legión de fans que recoge con devoción cada máxima que sale de la boca de las divas. Y lo mismo puede decirse de muchos intelectuales progresistas.
La pregunta acerca del sitio de la fantasía y lo sobrenatural en una sociedad como la nuestra, cifrada por necesidades muy apremiantes, siempre parece oportuna aunque rara vez se le plantee de forma satisfactoria. Con todo y eso suele decirse que la gente quiere creer en algo, por más absurdo que parezca. Sound of My Voice cuenta los alcances que puede tener el ansia por dar con el sentido de la vida.
Acerca de las necesidades psicológicas de la gente, urgida de creer en algo, nosotros no tenemos mucho qué decir. En todo caso creemos que la película muestra la forma en que ciertas ideologías (la creencia de que una mujer puede viajar en el tiempo para difundir un mensaje de redención), actualmente muy en boga, toman el lugar de la filosofía. Es decir, el hecho de que se margine la filosofía no implica que ésta no haga falta.
La ciencia ficción no es necesariamente una extravagancia de efectos especiales y en sus facetas más sutiles se impone en el seno de las historias de amor y en el drama. Ese es uno de los principales aciertos de Sound of My Voice: apelar al viaje en el tiempo y otros artificios, como la guerra civil futurista, en un contexto en el cual se les supone ajenos.

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