miércoles, 11 de mayo de 2011

Crimen muy organizado




El escritor italiano Roberto Saviano (1979) publicó hace dos años una reportaje novelado acerca de los manejos de la mafia de Nápoles, que luego fue convertido en una película, Gomorra (Italia, 2008), del director Matteo Garrone. La recordamos aquí a propósito de la situación de violencia que atraviesa actualmente México. Como el libro revela nombres y apellidos de los involucrados en un gran número de negocios ilegales, la vida de Saviano no vale nada: le pasa como al angloindio Salman Rushdie, condenado a muerte por el ayatolá Jomeini por haberse burlado (supuestamente) del islam; la mafia ha puesto precio a la cabeza de Saviano, que tiene que dejar Italia, porque ha recibido amenazas de muerte: ahora circula en la Internet una foto de los dos autores, quienes sonríen a la cámara de algún periodista porque tienen mucho en común.
La película cuenta varias historias de forma alternada, desde la iniciación de un jovencito en una banda de matones que luchan por el control de un barrio hasta los derroteros de un sastre, Pasquale (Salvatore Cantalupo), que ofrece sus servicios a empresarios chinos, para copiar los diseños de la alta costura italiana y venderlos a bajo precio en el mercado negro. O bien lo que le ocurre a un joven que trabaja como asistente de un hombre de negocios, Franco (Tony Servillo), dedicado a los basureros ilegales de negocios tóxicos.
En las películas episódicas, formadas por varias historias, como es el caso, es común que una destaque por encima del conjunto. Sin embargo, en Gomorra el contenido está bastante balanceado y ninguna historia es desigual.
La película llama la atención acerca de un gravísimo problema social cuya solución no parece probable a corto plazo: al final, un letrero informa al espectador de que la Camorra tiene acciones en el proyecto para reconstruir la Zona Cero de Nueva York, el espacio donde solían estar las Torres Gemelas, así que el dinero sucio es invertido en negocios legales. Así que Garrone (y Saviano, desde luego, este último con riesgo de su vida) han entablado un debate muy intenso acerca de la época actual, cuando los Estados son incapaces de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. En ese sentido, Gomorra pone en entredicho el mito de la Europa sublime, suerte de paraíso terrenal donde la vida es armónica y ajena al crimen.
El espectador acostumbrado a la película de acción convencional o al estilo de un Tarantino, digamos, encontrará en Gomorra un tratamiento del mundo de la mafia completamente distinto: Garrone filma la violencia de una manera para nada coreográfica, más cerca de Tropa de élite (2007), de José Padilha, lejos de la espectacular y llena de hallazgos visuales Ciudad de Dios (2002), de Fernando Meirelles y Kátia Lund: cintas brasileñas acerca de la vida (y la muerte) en las favelas.
La referencia bíblica del título se justifica tan sólo de manera simbólica, porque la tragedia de la película es secular. El único resquicio de redención y esperanza es el del muchacho que deja la mafia, o el del trabajador que se resigna a conducir un tráiler para ganar dinero, seguramente una miseria después de que ganaba miles de euros en unas horas.
Una de las cosas más impactantes de Gomorra es la manera en la cual se muestra a las nuevas generaciones que delinquen, como si la belleza de la juventud se hubiera marchado del mundo para ser sustituida por una entrada incipiente en el horror. Es impactante el relato de las aventuras de Marco (Marco Macor) y Ciro (Ciro Petrone), dos adolescentes que admiran a Tony Montana (el capo de la droga en Caracortada, de Brian De Palma). Juegan a la guerra pero luego tiene que lidiar con las reglas de los adultos. La escena en la cual prueban el armamento pesado a la orilla del agua, mientras hacen explotar un barco y gritan, es muy ilustrativa de la personalidad de los jóvenes.
Estamos ante una película que desborda el mero entretenimiento al abordar un tema muy importante, lo mismo que puede decirse de Promesas del Este, por ejemplo, de David Cronenberg, acerca del enfrentamiento de la policía inglesa con una de las mafias locales. Si no vio en su momento las películas que citamos hágalo ahora, no se arrepentirá.

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