sábado, 27 de agosto de 2011

Monos por un trato humanitario




El origen del planeta de los simios no es una precuela sino un “reboot”, es decir, el inicio de una nueva historia que mantiene elementos de las películas anteriores pero que no tiene una estricta continuidad con respecto a ellas. Sin embargo, lo anterior no impide que en la cinta haya numerosas referencias que serán perceptibles sólo para quienes conozcan los materiales previos.
El verdadero origen de la franquicia está en la novela La Planète des singes (1963), del escritor francés Pierre Boulle. En 1968 se estrenó la primera película de la saga, El planeta de los simios, con Charlton Heston en el papel del astronauta Taylor, cuya nave se estrella en un planeta donde simios parlantes y con inteligencia muy desarrollada se han convertido en la especie suprema, frente a unos humanos que viven como salvajes. Esta película tuvo cuatro secuelas entre 1970-73 y en 2001 Tim Burton llevó a cabo una segunda versión de la cinta de 1968.
Ahora el inglés Rupert Wyatt es el encargado de reiniciar la serie, en parte con material de una de las secuelas, la película de 1972 La conquista del planeta de los simios, que cuenta la rebelión de los monos comandada por el chimpancé César. Pero si en la versión de 1972 César era el hijo de los simios evolucionados del futuro, quienes habían llegado a la Tierra en la nave de Taylor después de un viaje en el tiempo, en esta variante de 2011 los guionistas han decidido dejar de lado las paradojas espacio-temporales para ubicarse en los terrenos de la bioética.
Will Rodman (James Franco) es un científico que trabaja para una farmacéutica, donde experimenta con la cura del alzheimer. Después de un rotundo fracaso, Rodman pierde el apoyo del laboratorio. Sin embargo, sigue experimentando en secreto con César, un pequeño chimpancé con quien desarrolla una amistad. El simio crece y se vuelve una criatura difícil de controlar que, gracias al medicamento de Rodman, que lo convierte en un simio extremadamente listo, no tarda en rebelarse contra los humanos.
El origen del planeta de los simios es una película de soberbios efectos especiales y escenas de acción muy bien filmadas. Además, está llena de referencias para el cinéfilo. Por ejemplo, Heston aparece en una televisión en la cual vemos una escena de Los diez mandamientos, donde el actor interpreta a Moisés. Un claro aviso de lo que está por venir, la Tierra poblada por una nueva especie, como se dice en el diálogo. O bien, el juguete de César, la Estatua de la Libertad, como en la película de 1968. O la famosa línea: “¡Quítame tus apestosas patas de encima maldito sucio mono!”. Y, sobre todo, el uso de los antecedentes del actor Brian Cox, el primero en interpretar a Hannibal Lecter, encerrado como el mono César. En El escapista (2008), también del director de El origen del planeta…, Cox interpretó a otro preso.
La película se aprovecha con inteligencia de su tradición y de lo mejor de la tecnología actual. Mención aparte para Andy Serkis (el Gollum de El señor de los anillos), quien interpreta a César y lo dota de gran expresividad.
En cuanto a las ideologías de la película, es claro que la cinta echa mano de por lo menos dos de ellas, que le sirven de contexto:
1) La revolución. La película se estrena después de la llamada “primavera árabe”, la “spanish revolution” y las “marchas por la paz”en México, acontecimientos que han sido interpretados como manifestaciones de un clima de inconformidad global y que bien pueden ecualizarse, nos dicen, como manifestaciones contra el poder que acaso habría que encadenar causalmente entre sí. La Humanidad se rebela contra los poderosos, pues.
2) Y, sobre todo, el animalismo. Que le pregunten al alcalde de San Luis Río Colorado, Sonora, si esta ideología tiene o no potencia. Se reclama para los animales un trato “humanitario” desde el “Movimiento de liberación animal”, la “filosofía” de Peter Singer, la Declaración universal de los derechos del animal (1977), ratificada por la Unesco, el proyecto “Gran Simio”… En fin, que se aboga por cerrar las granjas, practicar el vegetarianismo y dejar de experimentar con animales porque esto sería una forma de tortura. Insistimos, quien piense que lo anterior es una mera locura sin importancia que se fije en lo que acaba de pasar en SLRC.

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