miércoles, 25 de enero de 2012

Humor en medio del absurdo

Debería llamarse “Misión posible”, porque al final las cosas siempre le salen bien al agente secreto interpretado por Tom Cruise, protagonista de una saga que acaba de llegar hasta su cuarta entrega, Misión imposible: Protocolo fantasma (Mission: Impossible – Ghost Protocol, EUA, 2011).
El título, en realidad, es una clara manifestación de intenciones: espectador, lo que estás a punto de ver es, como sabes (o deberías saber) el inverosímil nuevo capítulo de una serie de acción que se basa en las espectaculares proezas de un equipo de agentes norteamericanos, siempre en pos de pillos internacionales que, como es obvio, planean conquistar el mundo.
Si lo anterior se tiene en cuenta se evitarán los penosos inconvenientes de ver una cinta de acción plagada de acciones absurdas, el enésimo vehículo de lucimiento para un fanático religioso de muy desigual talento, pero con atractivo en taquilla.
Como productor, Cruise aprovechó el interés por las viejas series de televisión para rescatar la Misión imposible original, de los años sesentas y, con Brian De Palma como director, revitalizar en 1998 (mucho después de la Guerra fría aunque antes del colapso de las Torres Gemelas) el liderazgo cinematográfico de los norteamericanos al momento de violar la soberanía de múltiples países, en nombre del supuesto bienestar de la “Humanidad”.
Desde entonces, Cruise y sus millones se han agenciado al director de moda (John Woo para la segunda entrega, JJ Abrams para la tercera) para forjar el mito oscurantista de un héroe cuyo sello son las acrobacias en rascacielos, en este caso una torre de Dubái, la más alta del mundo, nos dicen.
A pesar de que desde la tercera parte se le ha dado continuidad a sus romances, con una esposa a la cual le guarda fidelidad, Ethan Hunt está muy lejos de ser el personaje trágico que los perpetradores de las diversas misiones dizque imposibles quisieran hacernos creer.
Con todo y las numerosas muertes de personajes (prácticamente todo el equipo en la primera parte), Cruise y su gente no alcanzan la solemnidad del primer Bond de Daniel Craig, quien como se recordará pierde a su pareja en Casino Royale. O el modelo de ésta, el multicitado agente Jason Bourne de Matt Damon, quien ni siquiera tiene una vida propia porque se la han robado.
En Misión imposible: Protocolo fantasma, también asistimos al deceso de un agente y por lo tanto el comportamiento de uno de sus amigos está cifrado por la venganza, pero la película nunca supera sus reglas de juego de video, en las cuales la vida de determinados personajes (secundarios, claro está) es sacrificable aunque sin riesgo para la recaudación.
Así, Misión imposible: Protocolo fantasma puede ser disfrutada en su condición de alarde técnico espectacular, lo cual no incluye sólo las persecuciones, tiroteos y bombazos en locaciones alrededor del orbe (Budapest, Moscú, Mumbai…), también un elenco de actores de prestigio, como Tom Wilkinson, del cual se puede echar mano aunque sea para una escena. Así se estila en estos casos.
El verdadero ganador es el actor inglés Simon Pegg, la comparsa cómica de Cruise, porque es uno de los que se salva de la autoparodia con su interpretación de un experto en computadoras quien acaba de estrenarse como agente “de campo”.
Y ahí está lo mejor de esta entrega de Misión imposible…: los chispazos de humor, como en las desventuras de Sidorov (Vladimir Mashkov), el policía ruso encargado de perseguir a Ethan Hunt. Los guionistas ponen en su boca las peores obviedades para luego dejar caer al personaje de forma ridícula.
Sólo entonces el director, Brad Bird, evidencia con más energía su procedencia: la animación que se dedica a parodiar el cine de acción y superhéroes. La desventaja es que Bird en esta ocasión tiene que dejar bien parado al tipo de personaje que en el pasado se encargó de convertir en objeto de burla.  Qué lejos está aquella gran comedia, Ratatouille, que le valió a Bird los elogios de los críticos más reticentes.
Quienes tengan la capacidad de abandonarse ante cintas como Misión imposible: Protocolo fantasma sin duda podrán disfrutarla. De la misma manera, el resto tendrá un blanco fácil que no por eso deja de ser un negocio millonario. 

 






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