miércoles, 25 de enero de 2012

Jugar sucio pero con cara triste

Estamos ante el duro aprendizaje de un joven asesor político, quien durante la campaña interna del Partido Demócrata por la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos se enfrenta con la corrupción del sistema democrático de su país.
Los idus de marzo (The Ides of March, EUA, 2011) es el cuarto largometraje como director del famoso actor estadounidense George Clooney, después de su interesante debut Confesiones de una mente peligrosa, que también describe los entretelones de una sociedad que ha hecho de la mentira política una de las claves de su éxito.
En Los idus de marzo el elenco está encabezado por el mismo Clooney, en el papel de uno de los políticos contendientes, el gobernador Mike Morris, quien es asesorado por Paul Zara (Philip Seymour Hoffman). Sin embargo, la película está centrada en las aventuras de Stephen Meyers (Ryan Gosling), mano derecha de Zara, quien tiene que vérselas con un hábil rival, Tom Duffy (Paul Giamatti), en el equipo del senador Pullman (Michael Mantell), el otro político que quiere disputarles el lugar en la Casa Blanca.
Como puede verse, hay un elenco muy atractivo que reúne varias generaciones de intérpretes, con la cada vez más destacada participación del joven Gosling, que el año pasado fue uno de los más requeridos.
Desde el principio, cuando vemos cómo Meyers se encarga de preparar la iluminación y el audio para un discurso de su jefe, la apuesta de Clooney es mostrar la política no como un debate de ideas sino como un enfrentamiento de aparienciasfalaces, el espectáculo del político que se ve obligado a ser hipócrita para triunfar. Así, asistimos a la descomposición de los “ideales” para ceder paso a la impronta de la mercadotecnia, la imagen, las encuestas y, en general, el ascenso no de los hombres de Estado sino de los empresarios de prácticas degeneradas.
Esa concepción histriónica de la política está reforzada por la proveniencia teatral del texto que ha inspirado la cinta. Todo muy oportuno, sobre todo que ahora se debate en el seno del Partido Demócrata la continuidad del mesiánico Obama, abandonado en días pasados por uno de sus colaboradores más fieles.
Sin embargo, a estas alturas la película de Clooney se antoja algo obvia, desde el momento en que pretende hacernos saber la primicia de que ciertos individuos son capaces de cualquier cosa con tal de conseguir un puesto. Como era de esperarse, el punto de inflexión de lo anterior es el escándalo sexual, moneda de cambio a la hora de dibujar la caída del político ambicioso de turno.
El primer plano se vuelve el emblema de la cinta, como queda en evidencia desde el póster promocional. Es decir, la cara del que juega sucio pero pone cara triste. El espectador se vuelve un privilegiado que sabe lo que los medios de comunicación más incisivos (el personaje de Marisa Tomei) ignoran.
La película de Clooney resulta muy útil para ilustrar las debilidades de unsistema, el democrático y las corruptelas que implica. El político se hace de aliados por medio de jugosos favores en los cuales el elector no pinta nada, pactos que se hacen en privado y de los cuales el votante común nunca se entera. Estamos ante la corrupción no delictiva de la democracia puesta en práctica para garantizar los privilegios de unos pocos.
Con inteligencia, la película nos muestra al candidato como el participante de numerosos debates. Hay que poner atención a los temas se abordan en ellos, porque luego tendrán un papel trascendental en la historia.
Clooney es Demócrata, como se sabe, así que con esta historia hace un ejercicio deautocrítica que en ocasiones llega a ser muy duro. Sin embargo, también nos muestra las debilidades ideológicas de su partido pero supuestamente cuando nos expone sus cualidades. Es decir: las supuestas bondades de los militantes demócratas en realidad son defectos, pero Clooney no parece percibirlo así, como cuando en una entrevista el político dice que la pena de muerte es un asesinato. Hasta cuando no parece pretenderlo, la película nos muestra la simpleza e ignorancia de algunos políticos profesionales.
Mención aparte merece el personaje de Giamatti, sobre todo por una escena en la cual revela cómo, con maldad, ha manipulado a otro de los personajes.  
En resumen, Los idus de marzo está afectada por la falta de originalidad de sus planteamientos, aunque esa limitante al final sea resuelta por el trabajo de un elenco de primera.

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