sábado, 12 de mayo de 2012

Comedia física para la inmigración

El sentido común nos dicta que los franceses son las personas más sabias del orbe, con el permiso de los alemanes. Así que cuando 30 millones de europeos saturan las salas de cine para ver una película, precisamente en los años dorados de la piratería y la industria con los pelos de punta, es porque de seguro estamos ante algo digno de verse.
Intocable (Intouchables, Francia, 2011), de Olivier Nakache y Eric Toledano, cuenta la historia de la amistad entre Philippe (François Cluzet), un tetrapléjico adinerado y su asistente, Driss (Omar Sy), un humilde muchacho de barrio que viene de una familia de inmigrantes argelinos. “Basada en una historia real”, nos dicen, el libro autobiográfico de Philippe Pozzo di Borgo.
La película, bromas aparte, está construida a partir de un material extremadamente sencillo, el de la pareja dispareja, que ha inspirado montones de películas. Dos personajes que parten del recelo y a veces de la franca antipatía para terminar como los integrantes de una amistad ejemplar.
Ahí está, por ejemplo, Cuando los hermanos se encuentran (Rain Man, 1988), donde la desigualdad entre los protagonistas se llevó hasta el extremo de que uno era autista (y genial) mientras que el otro era un dandi dedicado a negocios algo turbios. La fórmula dicta que la animadversión habrá de convertirse en hermandad a muerte.
Intocable es una película muy divertida, sobre todo por la presencia de Omar Sy, uno de los actores más carismáticos del cine de 2011. La capacidad del actor para sostener la película (ligera aunque llena de resonancias que muestran un drama de fondo) lo ubica como el centro de la historia, lo cual es mucho decir sobre todo si se toma en cuenta que el otro personaje es un tetrapléjico, uno de esos papeles que suponen la consagración para muchos actores.
Mi pie izquierdo (1989) en su momento supuso un triunfo de Daniel Day-Lewis como actor, de la misma forma que ocurrió varios años más tarde con Mar adentro (2004) y Javier Bardem. Ambos interpretaron a personajes inmovilizados, ya sea en la silla de ruedas o en el lecho, pintor uno y el otro poeta. Y sin embargo, ambos personajes eran capaces del sentido del humor, con todo y que el poeta Ramón Sampedro ansiaba el “bien morir”, como se dice.
Ese drama está presente en Intocable, aunque la presencia de Omar Sy, ya lo hemos dicho, aligera la carga de su amigo. No obstante, la película no es tan llevadera como se pretende, como queda claro en la enigmática misión de las primeras escenas, con ese viaje no se sabe a dónde. ¿Estamos ante el planteamiento de una posibilidad como la de Mar adentro?
Luego de las primeras escenas, con los personajes juntos y solidarios en el dolor y la burla (hay una escaramuza con la policía), la película da un salto hacia el pasado, hasta el momento en que los personajes se conocen. Uno, el argelino, ha estado en la cárcel y pretende sobrevivir con el menor esfuerzo. Un pícaro. El otro, el patrón, es blanco, adinerado y experto en arte.
De esa forma, de la solemnidad inicial se pasa a uno de los momentos más efectivos de la cinta, la fiesta en la cual los personajes bailan “September”, de Earth, Wind & Fire. O esa escena de la ópera.
Sin embargo, bajo esa apariencia de película hilarante sin más hay otros asuntos, como el problema de los inmigrantes en Francia, como queda en el rechazo que el filme provoca entre los allegados a la llamada extrema derecha de Le Pen y el Frente Nacional.
Volvamos a la escena del baile y revísese desde la óptica del tetrapléjico. Hay que imaginar lo que la imagen de un hombre joven y saludable, que baila como un Michael Jackson argelino, significa para alguien que no tiene sensibilidad del cuello para abajo.
En The Guardian, Agnès Poirier va más allá y dice que Intocable tiene éxito porque es la película que Francia necesita después de la falta de cohesión nacional que deja como legado Sarkozy.
Ahora en Francia llega un nuevo presidente, esta vez de una generación de izquierda. El entusiasmo de los socialdemócratas por lo general es engañoso; sin embargo, lo que queremos señalar aquí es que Intocable no es una comedia simple, sino que toca asuntos que van más allá, hasta el debate nacional en una Francia llena de cuentas pendientes.

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