lunes, 7 de mayo de 2012

Apocalipsis en el patio de la casa

Atormentado (Take Shelter, EUA, 2011), de Jeff Nichols, es una película muy apropiada para estos tiempos de apocalipsis y temor generalizado, con el orbe en medio de una interminable crisis financiera y gente asustada (con razón) ante los peores pronósticos.
En un pueblo de Ohio, en Estados Unidos, un hombre común, Curtis (Michael Shannon), tiene pesadillas en las cuales su entorno se vuelve amenazante, mientras comienza a percibir lo que para él son señales en el cielo (bandadas de pájaros, relámpagos que nadie más parece escuchar), presagios que, según su juicio, no se sabe si visionario o truncado, anuncian la catástrofe definitiva.
A pesar de que sus conocidos lo toman por loco, él se empeña en construir un refugio subterráneo para proteger a su perpleja familia de una amenaza que todos juzgan como simplemente imaginaria.
El centro de Atormentado es Michael Shannon, quien ya había dado muestras de su habilidad para interpretar personajes aparentemente con problemas mentales.
En Las Torres Gemelas (2006), de Oliver Stone, el actor encarnó a un militar fanatizado por medio del cual se trataba de representar como una venganza la respuesta del gobierno norteamericano al ataque terrorista del 11 de septiembre.
En Sólo un sueño (Revolutionary Road), de Sam Mendes, acerca del deterioro de una pareja norteamericana, Shannon se encargó de dar vida a uno de sus personajes más interesantes, de nuevo un hombre supuestamente enloquecido aunque al mismo tiempo el único capaz de decir la verdad en una sociedad especialmente hipócrita. El loco como aquel que dice lo que nadie quiere escuchar.
La apuesta de Atormentado, de esa forma, es mostrar el deterioro de la psicología del personaje, trabajador, marido y padre modelo que un día adivina formas fatales en las nubes.
El cine norteamericano, capaz de dar forma a las peores amenazas para la vida en el mundo, bajo la forma de meteoritos y tornados, se ha especializado en un tipo de película que se sostiene gracias a los efectos especiales y la apuesta por una “humanidad” (el norteamericano heroico, mejor dicho) capaz de responder de forma solidaria frente a cualquier desastre.
Semejantes supuestos están detrás de cintas como Armageddon e Impacto profundo, así como las diversas invasiones extraterrestres, de la misma forma que en los últimos años los zombis se han adueñado del imaginario alrededor de estos asuntos, con historias como Exterminio (28 Days Later…) entre sus versiones más acabadas.
Es decir, el siempre postergado apocalipsis se mueve desde el alarde de vacua espectacularidad (con el director Michael Bay a la cabeza), con naves espaciales y alienígenas viscosos, hasta el más grotesco regreso al salvajismo, con muertos que salen hambrientos de sus tumbas.  
En ese contexto, Atormentado apuesta por la negación del efecto especial como fundamento del desastre que viene (apenas hay unas cuantas escenas de ese tipo), para en cambio, como se ha dicho, proponer que el infierno que viene ya se hace presente en los aspectos más cotidianos (una mascota, un violento ser querido…), lejos de extravagancias cuya efectividad no negamos, como lo puede demostrar el éxito de taquilla de las películas que hemos mencionado, aunque sí ponemos en contraste frente a otras formas de organizar la historia acerca de los supuestos últimos días de la civilización
En estas páginas ya habíamos comentado otra película, Melancholia, de Lars von Trier, que a su manera es una llamada de atención acerca de los excesos de las películas de desastres.  
Podría decirse que Atormentado se ubica a medio camino entre el cine apocalíptico al uso y el trabajo de Lars von Trier, porque Curtis es el hombre común de muchas películas de este tipo, aunque dotado de un discurso de vidente que también reclama la joven de Melancholia, sólo que esta última es una aristócrata y el fin del mundo que presencia también es la caída irremediable de una familia de millonarios. Atormentado en ese sentido es un filme mucho más cercano. Un apocalipsis en el patio trasero de la casa.

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