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lunes, 29 de octubre de 2012

Vino para hacer la guerra


La reciente designación del chino Mo Yan como Nobel de literatura nos permite, además de atender la obra de un escritor poco conocido en México, comentar una de las películas que se han inspirado en su trabajo, Sorgo rojo (Hong gao liang, China, 1987), de su compatriota Zhang Yimou.
En estas páginas ya hemos comentado antes un filme de Zhang, Las flores de la guerra (ver “Propaganda y amor en China”, edición del 13 de abril de 2012), acerca de la guerra entre China y Japón en los años treinta.
Zhang, integrante de lo que se conoce como la “Quinta Generación”, formada por los egresados de la Escuela de Cine de Pekín en los ochenta, se hizo de un nombre en Occidente gracias a sus dramas ambientados en la provincia china; tal es el caso de la película que hoy nos ocupa, ganadora del Oso de Oro en el festival de cine de Berlín en 1988.
Al mostrar el sufrimiento de la mujer oprimida en una sociedad que se califica como patriarcal y tradicionalista, los largometrajes más celebrados de Zhang (como La linterna roja) han sido interpretados como críticas a la China del Partido Comunista (PCCh), con la cual Zhang establecería un paralelismo: una suerte de forma velada de mostrar las contradicciones de un régimen opresor que en otras circunstancias habría defenestrado al cineasta.  
Sin embargo, en Sorgo rojo, si bien la mujer tiene que acatar la voluntad paterna que le impone un matrimonio arreglado, la protagonista, Jiu’er (interpretada por Gong Li, una de las actrices más recurrentes en la trayectoria de Zhang), asume un liderazgo que le permite convertirse en la respetada dueña de una destilería de vino, hasta que la guerra con los japoneses trastorna su vida. Un papel trascendental como heroína que no es consecuente con los señalamientos de una sociedad machista y autoritaria.
En ese sentido, si bien la película muestra en un principio las reducidas expectativas de una mujer, más adelante se trasmuta en una alabanza de la resistencia china ante el invasor japonés, que es retratado en toda su brutalidad. Todo ello sin perjuicio de las críticas, veladas o no, que se quieran ver al Partido Comunista o al maoísmo en esta película de Zhang.
Las flores de la guerra, como lo explicamos en su momento, es una espectacular pieza de propaganda que se revela como una suerte de híbrido entre el primer Zhang, el de los dramas costumbristas con “vocación universal”, y el director de las películas épicas de artes marciales que lo caracterizaron desde 2002, año del estreno de Héroe. Un nuevo ciclo en la carrera de Zhang, quien desde ese momento explotó en varias ocasiones lo que se señala como el “género wuxia”, películas épicas de artes marciales ambientadas durante el feudalismo, como El tigre y el dragón, de Ang Lee, una de las más conocidas de su tipo.  
En su versión cinematográfica, Sorgo rojo aprovecha los dos primeros capítulos de la novela de Mo Yan, aparecida también en 1987. El relato original se centra en la épica del bandido, que en el pasado controlaba el campo, tanto así que hay una guerra civil entre los distintos grupos de bandoleros. Todo ello al mismo tiempo que los chinos se enfrentaban contra los japoneses.
La novela se centra en un personaje, Yu Zhan’ao, que en la película es llamado simplemente “el abuelo” (el actor Wen Jiang), porque tanto libro como película están narradas por un descendiente del belicoso bandido. Un libro especialmente violento, en el cual Mo Yan describe con detalle las peores atrocidades: en una escena, un chino es desollado vivo por órdenes de los japoneses.   
Fuera de la cinta quedan interesantes pasajes de la novela como la guerra contra los perros. Luego de una de las numerosas batallas, el campo lleno de cadáveres sirve de alimento a las mascotas. Así, los animales adquieren un nuevo vigor y una inteligencia que les permite enfrentarse con los humanos en un combate cruento. El filme simplemente relega ese delirio en orden de construir un drama con tintes bélicos.
Ciertos intelectuales chinos (como el divo de la plástica, Ai Weiwei) han criticado a Mo Yan por su cercanía con el régimen: es miembro del PCCh y de la Asociación de Escritores de China, que cuenta con respaldo gubernamental. Zhang Yimou, por su parte, fue el director de la ceremonia de organización de las Olimpiadas de 2008 en Pekín.
Entre nosotros, en los medios de Iberoamérica, el desconcierto ante un escritor militante que es premiado por los suecos ha puesto en evidencia la concepción en blanco y negro de nuestros líderes de opinión, siempre listos para patinar ante los artistas que no se ajustan con facilidad ante su maniqueísmo.



domingo, 15 de abril de 2012

Propaganda y amor en China

País capaz de aplastar a otros y sin miedo de hacerlo, así se interpreta la enorme China, nuevo imperio del mal que habrá de conquistar el mundo ante los ojos de sus críticos o sus devotos.
En el contexto anterior, el empuje de un país capaz de controlar a sus ciudadanos y de intervenir en la economía de otros Estados, The Flowers of War (Jin líng shí san chai, China| Hong Kong, 2011) se revela como una manifestación más de ese poder y una para nada casual, porque estamos ante una gigantesca pieza de propaganda a propósito del poder del país oriental en cuestión, organizada en forma de una historia de amor y guerra, en el trasfondo del enfrentamiento entre Japón y China.
Es 1937 y Japón, en ese entonces militarmente superior a China, toma la ciudad de Nanjing. La cinta es una denuncia de la masacre y por la cual se señala al ejército japonés (300 mil muertos durante un sitio de seis meses, así como la violación masiva de mujeres).
Sobre la veracidad de la película tendrán que hablar los historiadores. Nosotros, como es obvio, apelamos aquí más que a nada a la verosimilitud de la cinta, que es constantemente desafiada por el director, el chino Yimou Zang, uno de los más célebres de su país.
En el pasado, Yimou ha estado detrás de películas como Ni uno menos (1999), el drama de una profesora rural que tiene que rescatar a uno de sus jóvenes alumnos, para que no deje la escuela. O bien, El camino a casa (2000), la historia de amor y devoción entre una joven pareja, que trata de sortear los obstáculos de siempre. 
Sin embargo, en 2002, Yimou será el director de Héroe, cinta épica en la línea de El tigre y el dragón que muestra las luchas entre las diferentes facciones de la China medieval, luchas entre espadachines y vistosos choques entre ejércitos, así como un despliegue de artes marciales  y virtuosismo.
En los años posteriores, Yimou habrá de dirigir otras películas de ese tipo, como La casa de las dagas voladoras (2004) y La maldición de la flor dorada (2006), todas ellas emparentadas con el mito y la obsesión de sus guerreros por desafiar la gravedad con gracia, en batallas por el honor en las cuales héroes y villanos son tan poderosos como irreconciliables. 
Por eso no es extraño que The Flowers of War (en adelante Las flores de la guerra, aunque de momento desconozcamos el nombre de esta película para Hispanoamérica), eche mano de esa habilidad que Yimou tiene para filmar las escenas de acción con el particular estilo del cine chino, pródigo en ese tipo de lances.
De esa forma, las hazañas de un soldado chino, en franca desventaja ante sus enemigos japoneses, son filmadas como un verdadero alarde de fortaleza y habilidad que le permite al chino derrotar a sus adversarios en las situaciones más increíbles. De esa forma, al igual que en las cintas de guerra y lucha medieval que hemos citado, Yimou hace cada vez más frágil la verosimilitud, en orden de construir un espectáculo que ha sido interpretado por sus detractores como una forma de pretender demostrar la superioridad china sobre sus enemigos.
El relato se vuelve más accesible para el público occidental gracias al actor Christian Bale, quien interpreta a John Miller, el antihéroe, un pillo que, como es obvio, verá en la guerra la oportunidad de encontrar su redención.
En un colegio femenino se esconde de la depredación japonesa un grupo de estudiantes, quien se ve forzado a convivir con las prostitutas de la ciudad que también desean pasar desapercibidas. Y en medio de ellas se encuentra Miller, así que la mesa está servida para el romance y el heroísmo de quienes se suponían cobardes, fórmula infaltable en tiempos de guerra.
La intriga de Las flores de la guerra es interesante y llama la atención sobre un episodio que invita al lugar común: no tiene sentido remover viejas heridas. Sin embargo, en China piensan distinto, de lo contrario no harían películas como éstas. Además, lo mismo habría que decirle a todos los productores que encuentran en la II Guerra, el Holocausto o la Guerra civil española sus temas recurrentes.
Una cinta como Las flores de la guerra resulta mucho más atractiva como fenómeno cuando se atiende a los que son sus fines evidentes: la propaganda. Sin embargo, no todos los cineastas son capaces de articular con habilidad una historia como ésta. Depende del espectador, cándido o malicioso, si se toma al pie de la letra lo que le cuentan, en una sociedad donde la papilla ideológica tiene una demanda muy elevada.

sábado, 29 de octubre de 2011

'Biutiful' y el problema del fantasma

Blanco de críticas mixtas en su país y fuera de él, finalmente derrotada en su carrera por el Oscar y el Globo de Oro, premios en los cuales estuvo nominada en la categoría de mejor película extranjera, lo mejor que se puede decir de Biutiful, del director de Amores perros, Alejandro González Iñárritu, es en principio muy simple: no es tan mala como la pintan.
Acerca de Biutiful se ha dicho que es una película en principio muy densa, al tratar una diversidad de temas, no todos ellos imprescindibles para la historia principal, que es la siguiente: las desventuras de un español, Uxbal (Javier Bardem), quien trata de sobrevivir en la Barcelona de los tiempos que corren. Y sí, en la película también aparecen otros personajes que en determinado momento de la trama ocupan un espacio o desempeñan una función que pareciera ser ajena a la historia principal, es decir, la historia de Uxbal y su lucha en una ciudad llena de contradicciones como la Barcelona actual.
Uxbal es el padre de dos hijos pequeños, a los cuales tiene que cuidar sin la ayuda de la madre de estos, Marambra (Maricel Álvarez) porque ésta tiene un problema de adicción a las drogas. Uxbal se ve obligado a lidiar con las recaídas de su mujer, al mismo tiempo que a él le diagnostican una enfermedad muy grave. Para ganar dinero, el hombre lidera a un grupo de inmigrantes africanos, quienes se dedican a la venta de piratería; una mercancía que se elabora en el taller de los socios de Uxbal, una pareja de chinos, quienes están al frente de otro grupo de inmigrantes ilegales. Estos últimos, que también provienen de China, viven prácticamente como esclavos, en las peores condiciones de trabajo.
Detalle muy importante: Uxbal tiene poderes sobrenaturales, puede hablar con los muertos, una habilidad de la cual también obtiene dinero, porque los familiares de los fallecidos le dan unos euros a cambio de que les cuente noticias del más allá.
“Veo gente muerta” decía el niño de la famosa película de terror sobrenatural Sexto sentido, con la cual Biutiful comparte más de una característica, sobre todo en lo que respecta a la presencia de un vidente que sirve de benefactor entre los vivos y los muertos. A propósito de esta cuestión es importante decir que, al igual que sucedía en Sexto sentido, no estamos ante una simple alucinación del personaje principal, es decir, no hay una indicación en la historia que nos permita interpretar la película de esa forma, así que el espectador está ante una propuesta muy clara: la historia exige ser vista como una fantasía sobrenatural, cine fantástico, dirán algunos.  
Hay varios detalles en la historia, decíamos antes, que han sido interpretados como excesivos. Por ejemplo: uno de los empresarios chinos está casado, pero al mismo tiempo es amante de su compañero de trabajo. Así, el espectador también se entera de los problemas de estos amantes, cuando viven su relación homosexual en secreto, en el mismo seno de una familia tradicional: la mujer y los hijos de uno de ellos.
Sin embargo, sin perjuicio de sus posibles defectos narrativos (que los hay, como diremos), nos parece que el nexo que bien puede unir las diferentes historias secundarias (o al menos lo intenta) es precisamente el poder sobrenatural del protagonista. Pero el problema que vemos con lo anterior es que Biutiful no es creíble como cine fantástico, porque propone unas determinadas reglas del juego que luego rompe arbitrariamente, como explicaremos. (Avisamos que para hacerlo hay que contar ciertos detalles del argumento, cosa que nos permitimos sobre todo porque la película fue estrenada hace tiempo en México y ha sido muy comentada.)
Es decir, Biutiful comienza como una película realista, con Uxbal que habla con su hija en un contexto muy cotidiano pero, de repente, nos instala en el otro mundo, en el más allá, que aquí es visto como un lugar nevado donde los muertos se encuentran y conversan, en lo que parece ser la puerta de entrada al paraíso, como se insinúa.
Otra cosa sería haber empezado la película con la escena del paisaje nevado: de esa forma, el espectador habría sido puesto en situación desde el principio, para luego permitirse, ya con otras condiciones, harto distintas, la propuesta de una historia sobrenatural donde vivos y muertos se enfrentan entre sí, cosa que sí ocurre, por ejemplo, en otra famosa película española, Los otros.
No obstante, de Biutiful puede resaltarse la actuación de Bardem, así como de buena parte del elenco, además de una desmitificación de la idea de Barcelona como ciudad idealizada donde, para sorpresa de algunos, hay problemas sociales que normalmente no se asocian con las metrópolis europeas. Esto último dicho con todas las reservas del caso. 

 

PD: Publicado originalmente en el número de mayo de la revista mexicana Junio 7.

viernes, 17 de junio de 2011

El Karate Kid



Segunda versión del "clásico" ochentero The Karate Kid (EUA, China, 2010), de Harald Zwart, ahora protagonizada por Jaden Smith en el papel del joven alumno que es aleccionado en las artes marciales por un profesor humilde interpretado por Jackie Chan. La historia básicamentet es la misma, varía el contexto, que ahora es la China contemporánea, donde el adolescente aprende kung fu (adiós, karate) por medio de las técnicas heterodoxas de su maestro. El joven Smith es carismático (con esos padres, ¿qué podía salir mal?) y Chan pues ya se sabe, con sus simpáticas coreografías que lo han hecho famoso. Entretenimiento familiar aunque especialmente dirigido a los jóvenes, que sin duda disfrutarán con las escenas de pelea, que en esta ocasión son mucho más violentas que en la versión original. Acción y un vistazo a la siempre fascinante China.