sábado, 17 de diciembre de 2011

Pearl Jam vive


El relato del ascenso meteórico así como su posterior conflicto con la industria, para terminar convertido en un grupo de rock sobreviviente, a veces atrapado en la nostalgia noventera, lejano a la innovación aunque con un sonido personal y una dignidad difícil de alcanzar por otros grupos de aquellos años (véase el patético caso de Guns N’ Roses) es el tema de Pearl Jam Twenty (EUA, 2011), documental de Cameron Crowe acerca del conocido grupo norteamericano de rock alternativo.
Así, el espectador asiste a la gestación del sonido de la banda a partir de las cenizas de otro grupo, Mother Love Bone, cuyo cantante, un extrovertido Andrew Wood, enamorado de la idea del estrellato, fallece trágicamente cuando el grupo estaba en franco desarrollo. Crowe acierta al plantear una de las principales ironías del grupo: el contraste entre la personalidad de Wood y la del nuevo cantante, Eddie Vedder, quien aborrece la frivolidad de la industria.
A continuación, Pearl Jam se volverá uno de los emblemas del llamado grunge, el sonido de la ciudad de Seattle, Washington, cuyos exponentes marcaron la década de los noventas: Soundgarden, Alice in Chains, Screaming Trees y, sobre todo, Nirvana.
Como tantos otros grupos, la banda tiene un sino trágico, como hemos explicado, sólo que la película además nos muestra la vida cotidiana de sus integrantes, su pasión y su sentido del humor, así como su compromiso político (a veces con causas aberrantes, hay que decirlo, como en elcaso del delirio tibetano). Cuando la banda da un concierto en la NASA y es abucheada por criticar al presidente George W. Bush queda patente la complejidad de la sociedad estadounidense de la cual Pearl Jam forma parte.
El director de Pearl Jam Twenty, el norteamericano Cameron Crowe, siempre ha estado relacionado con el rock, desde sus inicios como periodista o bien con sus películas Solteros y la autobiográfica Casi famosos. Crowe ganó fama con una comedia romántica muy sobrevalorada, Jerry Maguire (1996), protagonizada por Tom Cruise, quien también actuaría en otro de sus proyectos, Vanilla Sky, reelaboración hollywoodense de la cinta española de ciencia ficción Abre los ojos.
Después de su debut Un gran amor (Say Anything…), en 1989, comedia romántica acerca del amor entre dos jóvenes, acaso Crowe se extravió en la penosa tarea de complacer el ego de Tom Cruise, aunque su retrato de la vida de las groupies setenteras en Casi famosos recupera la habilidad que había mostrado para retratar la locura y la solidaridad de los círculos de amigos unidos por la música. 
A pesar de tener una trayectoria bastante amplia, la gran reivindicación de Crowe como director llega con el estreno de Pearl Jam Twenty. Si en Casi famosos nos muestra la intimidad de una banda apócrifa, Stillwater, ahora toca hacer lo mismo pero con una verdadera agrupación, capaz de salvarse de sí misma para contar su historia desde la sobriedad y también a veces el desencanto ocasional de la aventura.
Con honestidad, el grupo describe el impacto que supuso la llegada de Eddie Vedder al grupo: Stone Gossard, guitarrista y compositor, hasta entonces cabecilla de la banda, confiesa cómo Vedder asumió el liderazgo gracias a su talento. Sin embargo, al mismo tiempo hubo que aprender a vivir con la repugnancia de Vedder hacia la fama, lo cual les ocasionó no pocos problemas de organización.
Lo anterior se complementa con el pleito que el grupo sostuvo con la empresa organizadora de conciertos Ticketmaster, a la cual acusaron de prácticas monopólicas (finalmente tuvieron que ceder ante ella). O la renuencia a grabar videos musicales. Por eso no es de extrañar que el grupo, a pesar de mantener numerosos fans incondicionales por todo el orbe, haya dejado de tener la fama o la influencia de otros años: simplemente se negaron, por las razones que sea, a seguir al pie de la letra el juego de la industria y ahora asumen las consecuencias.
A algunos les parecerá auténtica la renuencia de Vedder a lidiar con los reflectores (a nosotros nos parece una pose a veces muy penosa). Lo cierto es que el documental no hace apología de eso, sólo se limita a mostrar a la banda con sus genialidades y sus no pocas contradicciones. “I’mstill alive”, como dice la canción central de la cinta. De lo mejor del año.

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