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miércoles, 24 de octubre de 2018
domingo, 21 de octubre de 2018
viernes, 24 de agosto de 2018
El terror es un síntoma
"Sobre el carácter sintomático del cine de horror existe ya hoy amplio consenso, cuando se comprueba que sus periodos de máximo desarrollo y originalidad (pues los estereotipos repetitivos han existido siempre) han correspondido a situaciones sociales traumáticas: el cine expresionista de la convulsa República de Weimar, en el marco de la inflación y de las luchas sociales que desembocarían en el nazismo (período 1919-1926), la Gran Depresión en los Estados Unidos (período 1931-1939), los monstruos apocalípticos despertados en el cine japonés por dos bombas atómicas (período posterior a 1945), la invasión de poseídos por el demonio y de esforzados exorcistas en el marco de la actual crisis capitalista, con su inflación galopante, su elevado desempleo y la catástrofe ecológica como fondo (desde 1974 hasta hoy). De un modo un tanto apresurado se podría concluir que los períodos de convulsión e inseguridad social han activado los temores más profundos y atávicos (pérdida de identidad, sumisión, mutilación, muerte) del ser humano y han encontrado su puntual reflejo en la pantalla".
Román Gubern y Joan Prats Carós. Las raíces del miedo. Antropología del cine de terror. Tusquets, 1979.
jueves, 5 de julio de 2018
El cine en Sonora
Texto
leído en la presentación del micrositio del ISC dedicado al séptimo arte y la
producción audiovisual de la entidad
Buenos días, gracias a
las autoridades del ISC y a los organizadores de este evento por la invitación.
Las personas adultas que
han asistido de forma regular al cine desde su niñez habrán podido atestiguar
la evolución que ha sufrido este espectáculo, en salas cada vez más
sofisticadas, en cuanto al aspecto técnico, pero desprovistas de la
personalidad de los grandes recintos de cine del pasado. Cambia la forma de ver
cine y de disfrutarlo, de la misma manera que evolucionan nuestros gustos e
intereses.
Mucho tiempo antes, las
fantasmagorías, que ahora pueden parecer candorosas, eran el entretenimiento de
un público afecto a lo que se consideraba sin duda un prodigio.
“Fantasmagorías” es el nombre que recibían en el siglo XVIII las imágenes que,
por medio de un artefacto óptico, la linterna mágica, eran proyectadas en muros
para el esparcimiento de los espectadores. Se trataba de rudimentarios aunque
muy efectivos espectáculos, toda vez que los asistentes se conmovían ante
imágenes de esqueletos, demonios, brujas y otras construcciones monstruosas
asociadas con lo gótico. Tales exhibiciones cayeron en desuso con la emergencia
ya propiamente del cine, en 1895 (*).
![]() |
Fotografía: Alejandra Almada |
El cinematógrafo
finalmente pudo sobrevivir la condición de simple atractivo de feria que le
adjudicaron sus inventores, los hermanos Lumière, hasta que se convirtió en la
actividad millonaria que todos conocemos. De hecho, como habitantes privilegiados del siglo XXI, hemos
podido presenciar la crisis, tanto creativa como económica, del otrora
incontestable séptimo arte. Desde hace décadas, primero con el ascenso de la
televisión, luego con otras tecnologías, el cine ha sido blanco de los más
amargos vaticinios a propósito de su agonía, por lo visto ya demasiado
prolongada. Agonizaron y fueron derruidos los viejos cines de arquitectura
espectacular, aunque al mismo tiempo proliferaron las salas más pequeñas, donde
se exageran las virtudes del 3D, muchas veces improvisado. La forma de ver cine
en esas salas no deja a su vez de transformarse, en la búsqueda de enriquecer
la experiencia, porque resulta imposible frenar la piratería, lo cual
implicaría ponerle puertas al campo.
Pero volvamos al pasado,
a la forja de ese mito llamado cine. De la mano de directores visionarios como
Georges Méliès (homenajeado por Martin Scorsese en Hugo), el truco de magia de los hermanos franceses se volvió
referente cultural y constructor por excelencia de, como suele decirse, sueños
muy elaborados: el viaje a la Luna, la conquista del polo… en suma, el viaje
casi imposible. Así, el cine nace como una suerte de elaborado truco de magia.
Demos ahora un salto de
poco más de un siglo hasta esta sala, donde nos hemos reunido para atestiguar
ya no propiamente un truco de magia, sino la más reciente tecnología y puerta
de acceso al cine que también tanto nos importa, el más nuestro, el cine sonorense,
con el micrositio El cine en Sonora,
del Instituto Sonorense de Cultura y la Coordinación de Proyectos
Cinematográficos. Un portal dedicado, como su nombre lo indica, a difundir las
obras cinematográficas de la región, mismas que han experimentado un
crecimiento y una maduración notables, que podemos comprobar, por ejemplo, en
el auge que ha cobrado la práctica del documental. Una presencia que no es
casual sino que viene a ser el resultado natural de la intervención y de la
constancia de Mónica Luna y de su equipo, desde hace décadas.
Así, hay que darle la
bienvenida a este sitio, El cine en
Sonora, una herramienta excelente para aprehender este cine con el cual
tenemos una deuda pendiente. Es decir, un cine que hemos visto menos que el
cine de Hollywood, espectacular y lleno de bellezas, superhéroes y otros
prodigios. Sin embargo, aquí nos espera una belleza con la cual hemos sido
negligentes y este sitio es el idóneo para empezar a sumergirnos en su
historia, como veremos.
El
cine en Sonora es un micrositio informativo, a través
del cual, como es obvio, podemos conocer de manera oportuna las actividades
relacionadas con el séptimo arte promovidas por el ISC, como la programación de
la sala de cine Alejandro Parodi, de la Casa de la Cultura, por ejemplo. O bien
las convocatorias para becas y todo tipo de apoyos para la creación de obra o
bien la capacitación de los creadores. De igual forma, las noticias, por
ejemplo la publicidad de este evento y muchos otros, que nos dan cuenta de la
actividad que se lleva a cabo en esta institución. Todo ello muy oportuno,
porque nos permite concentrar en un solo lugar todas las actividades del ISC,
para no perdernos de nada o bien, lamentar que falta el tiempo para asistir a
todo.
No obstante, voy a saltar
directamente a la parte que me ha parecido más llamativa, como afecto al cine.
Me refiero a la sección de cinematografía sonorense, porque ahí, fiel a la
vocación patrimonial del sitio, puede encontrarse buena parte de los cortos que
se han hecho en nuestro estado, en una oportunidad de ponerse al día con los
documentales o las obras de ficción de factura sonorense. Y así, en esa sección
podemos conocer la historia de Miguel, un joven con Síndrome de Down, y su
lucha para encontrar un trabajo. O bien la lucha de Manita, una peluquera quien
tiene que lidiar con una enfermedad. Todos los trabajos incluyen una ficha,
para conocer el director, el año, el género y todos esos datos indispensables
para irnos acostumbrarnos a pensar en el cine no solo como una labor de actores
y directores, sino también de fotógrafos y editores.
En ese mismo sentido y
como un estímulo para la investigación o la simple curiosidad, el sitio cuenta
con un apartado para el catálogo cinematográfico, que se remonta a 1973, con el
documental de Felipe Cazals sobre los seris, Los que viven donde sopla el viento suave. Un recorrido que llega
hasta la actualidad. El visitante puede calificar las películas, por ejemplo,
lo cual permite ir formando una evaluación, común en sitios como IMDb, por ejemplo,
o Netflix, que sirve para orientarse un poco acerca de la calidad de las
películas.
El
cine en Sonora, por lo tanto, además de centralizar la
promoción cultural en torno al cine y la cultura audiovisual de nuestro estado,
es un archivo que busca estimular la difusión de documentales y obras de
ficción, para que estos trabajos finalmente lleguen hasta su público. Al mismo
tiempo, el sitio facilita la labor de los estudiosos del fenómeno
cinematográfico, porque por medio de El
cine en Sonora los historiadores, académicos, críticos interesados en
investigar acerca de algún aspecto relacionado con la producción audiovisual de
la entidad pueden disponer de una base de datos confiable y en constante
actualización.
Sería interesante, por
ejemplo, llevar a cabo un estudio de cómo han ido cambiando los intereses de
los jóvenes cineastas, es decir, qué tipo de géneros les interesan ahora. En
los 90, por ejemplo, todos querían hacer historias acerca de mafiosos, por la
influencia del primer Tarantino. ¿Qué tipo de contenidos generan interés en
nuestros días? De esa manera se puede vincular otra iniciativa del ISC, el
Concurso del Libro Sonorense, para que se fomenta la escritura de ensayos sobre
cine.
Entre las sugerencias
para el sitio diría que falta mejorar la experiencia de lectura en teléfonos,
por ejemplo, lo que me imagino es solo cuestión de tiempo. También es necesario
atender a los orígenes de la exhibición en Sonora, por ejemplo. En ese sentido,
el micrositio puede enlazarse con los fondos digitales de la Universidad deSonora, en los cuales hay varias tesis acerca del fenómeno cinematográfico en
general y acerca de la historia de los cines locales en particular.
El
cine es una tecnología en la cual los directores se han regodeado para contar
historias, para nuestra fortuna, narrativas que luego dan cuenta del pasado de
un país o de una región. Hace unos años, digamos en los 80 del siglo pasado, el
interés por las expresiones artísticas regionales era visto con desconfianza,
porque se buscaba lo cosmopolita ante todo. Hoy, asistimos a un renovado
interés en las artes regionales, en la indagación de sus orígenes y de su
desarrollo. Por eso hay que darle la bienvenida a esfuerzos como el que hoy nos
convoca y contribuir, entre todos, a su consolidación.
(*)
Robertson, en 1799, mediante
una linterna llamada el fantoscopio, exhibía a los espectadores «figuras
terroríficas (“fantasmas”) de Cagliostro, Marat, Lavoisier o Robespierre)
proyectadas sobre una pantalla solidaria», como dice Gustavo Bueno en La fe del ateo.
miércoles, 4 de julio de 2018
El legado del diablo
(Hereditary, EUA, 2018), de Ari
Aster. [Alerta: película destripada]. La trágica historia de una familia en la
cual abundan las enfermedades mentales, pero que tal vez tengan un origen para
nada relacionado con la medicina, sino más bien con el ocultismo. El debut de Ari
Aster es una cinta de terror sobrenatural cuyo principal acierto es inscribirse
en una tradición que los norteamericanos han cultivado con profusión: las
historia de sectas, logias y otros grupos delirantes que se dedican con una fe
admirable (en tiempos de la supuesta crisis de los grandes relatos) a cultivar algún
culto demoniaco o pagano, en las antípodas del cristianismo. Me refiero a
películas como El bebé de Rosemary (EUA,
1968), de Roman Polanski, La profecía
(Reino Unido| EUA, 1976), de Richard Donner, El abogado del Diablo (EUA| Alemania), de Taylor Hackford y muchas
otras, en las cuales un grupo de personas, por lo general adineradas, conspiran
para aprovecharse de algún inocente e invocar el infierno en la Tierra. Una
tradición que los norteamericanos asumen como natural, por su riquísima
tradición gótica, tanto en el cine como en la literatura. Por eso, la
característica más notable de esa película es esa, la forma en que, con
orgullo, pasa a formar parte de las filas de un cine muy norteamericano. Por
eso luego no resulta tan sencillo tratar de emular ese tipo de historias desde
otras cinematografías, en las cuales el tema de la logia sería tal vez
artificial. Si acaso, cabe especular cómo sería una película acerca, digamos,
del Yunque panista y los delirios que se le atribuyen.
El otro gran acierto de El
legado del diablo es su “coquetería” ya desde el inicio. La forma en que
llena de guiños su historia, como una suerte de detalles al principio
desconcertantes pero que luego el espectador puede reinterpretar. Por ejemplo,
en el velorio de su madre, el personaje de Toni Colette, Annie, preside la
ceremonia y dirige unas palabras a los asistentes: me da gusto ver a tanta
gente extraña, dice. Pero no sabe, no se imagina (¿quién podría imaginar eso?),
que en realidad se trata de los compañeros de su madre en el culto. Luego
comenta que su madre tenía un carácter difícil: ¿cómo no iba a ser así si
estaba poseída por un demonio? Pero todo eso Annie lo atribuye a la locura que
ha asolado a su familia por generaciones, cuando en realidad se trata de la herencia macabra del título original.
Hay, entonces, unas piezas que el espectador tiene que unir, como en la escena
final, cuando cobra sentido el pasatiempo de la niña y sus curiosos “muñecos”.
La esencia de la película remite al ocultismo, ya lo hemos
dicho, pero eso no impide que El legado
del diablo se burle de otras prácticas, como las sesiones espiritistas, que
aquí son mostradas como una trampa para hacer caer a los ingenuos, como es el
caso de la bruja Joan (Ann Dowd), que atrae a la pobre Annie con el pretexto de
contactar a un familiar muerto. Pero todo es un truco vulgar para seducir a la
víctima y hacerla participar en otras ceremonias, sin que esta ni siquiera
advierta que está siendo utilizada. Un poco como le ocurre al espectador, con
todo y que este está avisado de que algo siniestro (e incorrecto) tiene lugar
en la cinta.
domingo, 18 de febrero de 2018
Still/ Born
Still/Born (Canadá,
2017), de Brandon Christensen. Mary (Christie Burke) pierde a uno de sus
gemelos durante el parto, lo cual le provoca un severo trauma con el cual tiene
que lidiar, al mismo tiempo que trata de cuidar a su nuevo hijo, Adam, y
adaptarse a la vida en una nueva casa. Pronto, la mujer sospecha que su bebé es
acosado por una suerte de demonio ladrón de niños; no ayuda que su esposo, como
es obvio, no le cree y tiene que ausentarse por varios días debido a cuestiones
de trabajo. En la soledad de su hogar, cada vez más amenazante, Mary tiene que
enfrentarse con un fenómeno que desafía su cordura. Película de horror que
juega a convertir lo sobrenatural en una suerte de consecuencia del estrés
posparto, como ocurre en cintas modélicas como El bebé de Rosemary. Still/
Born está impregnada de ambigüedad y misterio y hay en ella varios momentos
de genuino terror, como en la escena de la bañera o en el plano del ducto de
ventilación y lo que oculta. No tiene concesiones y sigue con crueldad la
decadencia de su personaje central, quien no puede distinguir la lucidez de la
locura. Lo que puede reprochársele es su toma de partido en la escena final,
cuando trata de reivindicar lo que antes había cuestionado: la salud mental de
una heroína quien, en sus mejores momentos, tendía a confundirse con la
villana.
lunes, 12 de febrero de 2018
The Post
The Post: los oscuros
secretos del Pentágono (The Post,
Reino Unido| EUA, 2017), de Steven Spielberg. Uno de los directores
norteamericanos por excelencia vuelve a dar muestras de la variedad de su
registro, que va de la fantasía hasta el drama, con esta película acerca de los
entresijos del poder político y la prensa. La película se centra en un caso
real: la filtración de un informe secreto del gobierno de los EEUU en el cual
se revela que era imposible ganar la guerra de Vietnam. Sin embargo, a pesar de
las evidencias, los diferentes gobiernos que tuvieron que lidiar con el
conflicto, de Johnson hasta Nixon, sin olvidar al inmaculado John F. Kennedy,
ocultaron a los ciudadanos que la guerra estaba perdida (lo cual no les impidió
seguir con el envío de tropas). Así, la cinta cuenta cómo el informe llega a
las manos de los directivos de The New
York Times y The Post y cómo
ambos deciden publicarlo, con todos los riesgos que implica enfrentarse con la
censura gubernamental y sus represalias; como su nombre lo indica, el filme se
centra sobre todo en el caso del segundo periódico. Si bien la complejidad de
la política durante la Guerra fría es reducida aquí a una suerte de ciego orgullo
norteamericano (los EEUU habrían mantenido a sus tropas en Vietnam simplemente para
no quedar mal frente al mundo), lo mejor de este nuevo relato de Spielberg lo
encontramos en las ideas que gravitan en torno al personaje de Meryl Streep, Kay
Graham, la dueña de The Post: el
verdadero riesgo de publicar información que ponga en evidencia al gobierno lo
corren los dueños del periódico, no tanto los editores o los reporteros, porque
aquellos tienen que responder ante los empleados de la empresa y sus familias;
en cambio, el prestigio del editor y sus reporteros brilla con más fuerza en tiempos
de adversidad, persecución y censura. De ahí que The Post sea en sus mejores momentos un alegato feminista, que
muestra a Graham como un ejemplo de mujer luchadora. Una idea que no se pone en
boca de nadie, sino que se sugiere por medio de escenas clave, con una técnica
que recuerda a la Clarice Starling (interpretada por Jodie Foster) de El silencio de los inocentes. De la
misma manera que la joven estudiante del FBI se adentraba en un mundo
masculino, así Kay Graham tiene que enfrentarse a los hombres que desconfían de
ella. O bien, ser rodeada y reconocida como referente por otras mujeres, como
en esa escena de la escalinata. Acaso demasiado complacida con la historia de
la prensa norteamericana, aunque no por ello carente del interés habitual de
las películas de Spielberg.
domingo, 4 de febrero de 2018
La región salvaje

miércoles, 17 de enero de 2018
El profesor Marston y la Mujer Maravilla

miércoles, 10 de enero de 2018
Three Bilboards Outside Ebbin, Missouri

viernes, 5 de enero de 2018
The Snowman

martes, 2 de enero de 2018
Lady Bird

Call Me by Your Name

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