martes, 18 de octubre de 2011

Javier tiene una relación complicada

Qué pena tu vida (Chile, 2010), de Nicolás López, es una comedia romántica acerca de las consecuencias del rompimiento entre Javier (Ariel Levy), un publicista y Sofía (Lucy Cominetti), quien empieza una nueva relación con el cantante pop de moda. La confidente del primero es Ángela (Andrea Velasco), su amiga de la infancia, quien tiene que escuchar los lamentos del joven y apoyarlo.
Qué pena tu vida cuenta la historia de las aventuras de Javier, quien está de regreso entre los solteros para confirmar una vez más que en las películas de este tipo el ligue nocturno es el camino más corto hacia el delirio.
De esa forma, la película recorre un camino que ya ha sido surcado hasta el hartazgo por el cine norteamericano, como puede verse en películas como Cuando Harry encontró a Sally (1989) y tantas otras, acerca de los desencuentros entre una pareja que finalmente descubre que el amor está al alcance de la mano y cuando se sufre es solo por necedad. Lo mismo puede decirse de películas más recientes, como Amigos con derechos (2011), con Natalie Portman y Ashton Kutcher.
Acaso sea Nora Ephron, guionista de Cuando Harry encontró a Sally, directora de Algo para recordar (Sleepless in Seattle, 1993), una de las principales artífices de este tipo de películas, en un cine como el norteamericano, con una nómina de actores como Gary Grant, Audrey Hepburn, Katharine Hepburn e incluso Marilyn Monroe,  quienes en algún momento de sus carreras probaron fortuna (y ganaron celebridad) con la comedia romántica.
Una cinematografía, la norteamericana, que además tiene en su haber algunas de las mejores películas de Woody Allen, que fácilmente podrían inscribirse en este subgénero, ya sea para criticarlo o llevarlo hasta el límite, como ocurre en Annie Hall, Manhattan o Hannah y sus hermanas
Así, la cinta de López recurre a una tradición trasmutada en fórmula ya muy conocida pero que no parece dar señales de cansancio, toda vez que su trabajo ha sido un éxito de taquilla en su país y ya cuenta con una secuela, Qué pena tu boda, del mismo director. Qué pena tu vida no tiene mayor misterio en tanto que recurre a un homenaje (al plagio, dirán otros) como estrategia tanto narrativa como de mercadotecnia.
Sin embargo, una de las aportaciones de la película, digamos, está en el acento que pone a propósito de la influencia de las redes sociales en el romance del siglo XXI: “¿Cómo te  desconectas de alguien si siempre estás conectado?”, dice su eslogan. Las nuevas tecnologías y la forma en la cual condicionan la forma en que las parejas se conocen e interactúan, como en su momento ocurrió con Tienes un e-m@il (1998), con Meg Ryan y Tom Hanks. O bien, 40 días y 40 noches, con Josh Hartnett.
El otro logro de la cinta es la elección de un elenco que viene a pedir de boca para la puesta en escena de los ciberdramas posteriores al facebook y al Twitter, en una sociedad donde Steve Jobs tiene más poder de convocatoria entre la gente que cualquiera de los recientes premios Nobel de medicina.
Levy logra encarnar muy bien al perdedor computarizado y, para mayor ironía, solitario. Y a veces, cuando tiene compañía, más le valdría estar solo, como lo prueba una de las mejores escenas de la cinta, con Úrsula (Ignacia Allamand), la rubia “nazi” que no soporta a los “down”.
La película podrá parecer frívola para el criterio de algunos, en una América hispana donde el mayor elogio para una película de este tipo es decir “no parece mexicana”, o chilena, acostumbrados como estamos a la telenovela más vulgar como nuestro principal producto de exportación.
No obstante, hay que reconocer la habilidad de López para proponer una ciudad, Santiago, como escenario para el romance de cine, con esas escenas que resaltan su arquitectura, sus parques, su belleza nocturna y su gente.
Su gente, sobre todo: la madre, por ejemplo (excelente Claudia Celedón), o el barman (Nicolás Martínez) que le propone a su amigo un juego carcelario que no es de homosexuales, aunque lo parezca.
Qué pena tu vida tal vez no tenga el prestigio del drama y otros géneros más respetados entre nosotros, pero eso no implica que tenga que pedir disculpas por su ligereza.

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